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Así es, prendo un cigarro para mi y otro para ti al mismo tiempo, hacemos un chiste de eso. Reímos a gusto como lo hacemos solo nosotros, cuando nadie nos escucha, cosas que solo nosotros entendemos, como el titulo de esta fotografía. ¿No será verdad, saliste de un cuento?
El mundo se vuelve más pequeño pero a la vez más delicioso dentro de este cuarto. Buscas sin buen resultado el diario, temiendo que Mariana lo haya leído, y se entere con morbo de nuestros secretos a voces, que lo habías dejado junto a los libros enfrente del escritorio, lo intentas sacar de abajo del ropero, de entre las sabanas de la cama, del cuarto de la hermana y entre las gorras del cajón de papá. Se acaba mi cigarro.
El diario aparece y la puerta se cierra, se desentierra de alguna parte y leemos en silencio. Lo cerramos al iniciar una lucha de miradas, de besos, de respiraciones cortadas, de un abrazo desesperado por abrazarnos muy fuerte. Caemos divertidos en la cama, nos vemos a los ojos, cómplices de este momento.
La boca, los ojos, las mejillas, el cuello. Giramos, nos acariciamos la espalda, nos damos la mano con fuerza para no perdernos. Recordamos algún pasaje literario, el acento, aquel otro día, el lunes, la Maga, el axolotl salamandra, la muerte, cronopios, risas, de nuevo poesía, colores, la hora y de nuevo te beso, me besas, nos besamos. Me aprietas un poco más las manos, me muerdes, silencio, cerramos los ojos, caemos y reímos de nuevo. Euforia.
Tomamos té debajo de las cobijas, cerramos los ojos, nos acariciamos los parpados con los labios, la piel desnuda y fresca. El silencio pasmódico de las avispas en la ventana y el olor de los libros junto a la cama nos arrullan hasta dormirnos, mientras soñamos a que estamos en la orilla del mundo, a que sentimos el aire jugando en nuestro cabello y escapando entre nuestros dedos cuando lo queremos agarrar, como agua. No hablas, no abres la boca, ni mueves la lengua, pero te escucho; yo también...
El susurro nos despierta, reímos de nuevo, nos mordemos las piernas, los brazos, los muslos, los dedos, nos comemos enteros y nos contemplamos casi serios, conversamos de nuevo en silencio.
Nos vestimos y prendemos un cigarro de camino a la biblioteca, a regresar cada quien a su libro, cada uno a su cuento.
ECCE LUPUS
Permiso para proyectarse.
La imagen la saqué de algún lado del internet. |