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Es extraño que cuándo nos sentimos vacios es cuándo más estamos llenos y empezamos a desbordar un montón de esas cosas terribles, a llenar nuestro alrededor de lo que nos falta por dentro.
Ella dijo que se sentía desconsolada, que hubiera preferido más reconocimiento por aquello que hizo y una semana más tarde le compré flores. Las flores que son tan deliciosas en color y perfume... se secan o se pudren en unos pocos días, así son las flores; tienen esa cualidad de ser tan efimeras y nos obligan a tirarlas a la basura como cualquier cosa.
Es por eso que entiendo la indeferencia con la que las recibió y el desden con el que se sentó en mis flores, porqué en realidad las compré para mi. Para llenar todas esas veces de pedir, de tirar y regar tantas palabras en el piso.
Cuándo alguien tiene sed, solo se le quita con agua, a veces queremos beber otras cosas que no son agua... y nos vaciamos una botella vacia en la boca, y nos llenamos de ausencia.
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Querido diario:
Hoy, el mundo ha cambiado, acabo de despertar de la realidad más cruda que mis 19 años han visto hasta ahora y mi mente está tan revuelta que no sé ni porqué escribo y si tiene esto algún sentido. Está mañana al levantarme sentí por primera vez que este departamento no estaba solo; mi hermano estaba sentado en la mesa sencilla de la cocina, había preparado el desayuno: el café, huevos cocidos, fruta picada y un sándwich de mermelada de fresa con mantequilla. Nunca me sentí menos sola desde que llegue al Distrito Federal hasta está mañana. Nunca.
Al verlo mis ojos se humedecieron, pensé que todo habría sido solo una pesadilla, una triste y desgraciada pesadilla. Corrí hacía él, le bese la fría frente y comimos alegres en silencio.
Las 8:00 en punto, debo irme a la Universidad y salgo tranquila de la casa, nos despedimos en la puerta y al llegar a la escalera vuelvo la mirada una vez más… se ha desvanecido. No. No, entró al departamento sin cerrar la puerta, así que camino hasta allí y la cierro mientras grito hacía adentro “¡Hasta luego!”.
Al entrar a la escuela una bala de incertidumbre atravesó mi cabeza y de repente la pesadilla fue comprendida, mi hermano estaba irremediablemente muerto. Pero, pero… ¿Cómo podría ser, si habíamos desayunado juntos? ¿Cómo podría entonces haber besado su frente, su… fría frente? ¡No! No es verdad.
La incertidumbre me paralizó por varios minutos hasta que la fuerza de varias miradas me hizo reaccionar, estaba en la puerta del salón de clases y 30 pares de ojos me contemplaban en silencio, y más que la mirada fue la compasión la que me hizo volver en mi, había una compasión empalagosa en aquellas miradas y un largo silencio después. Ellos lo sabían. Asustada busque entre aquellas figuras conocidas, algo que rompiera esa inmovilidad. Puedo suponer de qué manera me contemplaban, porque seguramente me veía tan perturbada que uno de ellos se acercó y me abrazó.
“Gracias” dije. (¿Gracias?)
Mi cabeza se hundió en esos hombros, las miradas se alejaron y el ambiente se relajó. Me senté y reconocí a todos.
“¿Te sientes mejor?” me preguntó Erika, que me había abrazado.
“Sí, ¿porqué?” le dije sin pensar.
“Ayer te veías bastante mal, me arrepentí de no acompañarte a tu casa, no debí haberte dejado sola, pero no sabía que hacer y no sabía que decir…” susurraba algo exaltada.
“¿Sola?”
“Pues si… lo lamento tanto.”
“No te preocupes, no estaba sola” le dije tranquilamente.
Ella soltó un suspiro largo y se dio la vuelta, la maestra comenzó la lección.
(…)
El día transcurrió normal a partir de ese momento, aún siguieron mandándome tristes gestos y bastantes silencios, pero de todas formas no me importó, mis pensamientos estaban alejados, estaba recordando mi casa, allá en la bella Michoacán: el jardín llenó de flores, las cortinas ligeras de la sala, las pinturas de mi mamá, mi padre tomando café en su sillón, el gato en la ventana, ahhh… extraño tanto mi hogar. Desde que llegue acá a estudiar, lo he visitado tan pocas veces. Aquel cuarto de niña con sus paredes amarillas, la niña que salió temprano del lecho para ir a la capital a buscar un futuro mejor, para estudiar en la Universidad, para abrir una brecha a mis hermanitos… Rosa y Ricardo.
Aún recuerdo la despedida hace un año más o menos, todos estaban alegres por mi, yo sabía que mi madre estaba ahogándose las lagrimas en la garganta para no llorar, y yo se lo agradecía, pues fácilmente hubiera decidido quedarme. Rosa me compró este diario, para que nunca olvidara nada, mi padre me daba mil consejos, y mientras todos me colmaban de bendiciones Ricardo había ido a esconderse debajo de la cama. Yo pensé que estaba celoso, porqué siempre fue muy envidioso, así que no hice mucho caso. Semanas antes se la había pasado festejando por el nuevo cuarto que tendría, más amplío que el anterior, y porqué ahora seria el más grande de la casa… 12 años y ya era “el hermano mayor”. Claro, sí yo no estaba.
Llegó el momento de irse y me sentí culpable de hacerlo sin decirle adios a Ricardo así que lo fui a buscar, llegue y al verme salto de la cama a mis brazos: “No te vayas, porfavor”; sendas lagrimas rodaron de sus regordetes cachetitos. “No te vayas” me dijo de nuevo. Y yo no sabía que hacer, lo puse de nuevo en la casa no sin alguna dificultad, ya que estaba aferrado de manos y pies a mi.
“Entiende” le dije ya un poco molesta.
“Voy a volver, regresaré y vendré a visitarlos, lo prometo” y salí de allí.
Cumplí mi promesa, llamaba por telefóno todos los días y cada mes iba a casa a pasar un par de días con mi familia, pero ya no era lo mismo, ya nunca va a serlo.
La última llamada que recibí fue hace tres días, era mi tío Antonio:
“¿Araceli?”
“¿Tío Antonio?, ¡Que milagro! Vaya, es la primera vez que me llamas ¿Cómo has estado?”
“…”
“¿Sucede algo?”
“Pues Ricardito está en el hospital, y pues quieren que vengas.”
Y a mi mente vino aquella ocasión en que se rompió la pierna por andar jugando en la escalera y tuve que faltar un par de días a la Facultad para estar con el en casa, después de todo no la pasamos nada mal, así que está vez no me preocupe demasiado, seguro estaría feliz de verme, un día anterior hablamos por teléfono.
Ricardo estaba más serio que de costumbre, tenía metida en la cabeza la idea de irse unos días conmigo, pero aún no estaban cerca las vacaciones y mis papás jamás lo permitirían, así que finalmente lo convencí de esperar a diciembre, a tal vez la segunda semana, para pasar Navidad y Año Nuevo con mamá, papá y Rosa. Antes de colgar me dijo: “Hasta luego, ya no te enojes, prometo esperar.” Y colgó.
… … el único sonido que quedó fue la monótona señal de imitación del auricular… … cómo ahora. Mi tío colgó, quedando antes en la hora a la que me verían en la central ese mismo día.
Nunca imagine lo que pasaría, aún no estoy segura de que halla pasado. No quiero.
Subimos al carro de mi tío, él sumamente nervioso me ponía de vez en cuándo la mano en el hombro y tuve el presentimiento de que mi hermano tenía algo más que una pierna rota.
“Hay que ser fuertes Araceli” me dijo.
El aire abandono mi cuerpo y para cuándo tuve fuerza para preguntar habíamos llegado a casa, ¡Dios me perdone si miento al decir que fue el infierno para mi!
50 sillas enfiladas en el jardín, tíos y tías, primos y primas, mi madre evitando enfrentarme abrazando a mi padre. Ni una sola mirada, ni una sola palabra para mi.
Y en el momento más angustiante de mi vida, entre corriendo a la casa, ni siquiera pase a la estancia, corrí a busca a Ricardo debajo de la cama…
¡No!
Bajo la escalera y lo veo, lo abrazo, lo cargó hacía mi pecho mientras acaricio su pelo, sus manos la frías y muertas tan suaves como siempre. Y por más que lo llamó, ya no contesta.
“¿Ricardo?”
A duras penas me separan del cuerpo muerto de mi hermano.
Y yo gritando: “¡No es justo, tiene trece años!
(…)
Sus mejillas antes tan rosas, su frente sudorosa de hacer tanto ejercicio por andar corriendo con la pelota adentro… ya nadie romperá floreros en casa, ya nadie me jalará el cabello. Ya nadie suplicará cada mes:
“Araceli, no te vayas… por favor” y nadie me besará los ojos para secar mis lágrimas, mis tontas lágrimas: “Araceli, no llores por ese muchacho, yo también te quiero… mucho más”.
Yo no supe cuánto quise a mi hermano hasta que lo tuve tan lejos, y descubrí que era lo qué más extrañaba de Michoacán, pero yo no podía volver. Yo estaba en la Universidad por ti y por Rosa. Perdóname, quizá no te perdí está semana, quizá te perdí desde aquel día en que decidí venir…
Las lágrimas mojaron mi cuaderno de notas, y la maestra me sacó del salón para respirar mejor.
“Mi hermano no puede estar muerto, estaba conmigo está mañana” le digo enojada.
“Tienes que ser fuerte” contesta comprensiva la maestra.
“¿Ya para qué?” y le grito “Sí lo que por falta de fuerza no le dije, ya no se lo puedo decir.”
De repente la maestra ya incomodada se da la vuelta y se marcha. Y yo también vuelvo a mi departamento de universitaria. Más abandonado y más gris que antes.
“¡Ya regrese!”
Viene a mi encuentro Ricardo y me abraza como aquella vez:
“No te vuelvas a ir, por favor”
“Nunca, no de nuevo” y le beso la fría frente.
Mi hermano se suicido el lunes, después de colgar el teléfono.
Rosa de 10 años lo encontró aún luchando contra la soga, pero sus manos infantiles fueron incapaces de salvarle la vida, y lo vio morir. Después del funeral quise platicar con ella, pero ninguna de las dos pudimos y entiendo su voto de silencio. Entiendo, entiendo la angustia que sintió, y sobre todo la impotencia.
¿Qué lo hizo tomar esa decisión? Resolverlo no lo va a traer de nuevo. Pero lo que más me duele es no haber podido estar allí. Yo sé que Rosa hubiera podido salvarlo si también mis manos la ayudaran.
(…)
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| Guitarra Estelar is the brand new project from a young Mexican videomaker artist Aristeo Pantoja. This sample was made for the short films biennale the "los anonimos" to be celebrated in Mexico City during 2006. Guitarra Estelar depicts the alienation reality of a chaotic city, harmonized with an spontaneous character.
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Así es, prendo un cigarro para mi y otro para ti al mismo tiempo, hacemos un chiste de eso. Reímos a gusto como lo hacemos solo nosotros, cuando nadie nos escucha, cosas que solo nosotros entendemos, como el titulo de esta fotografía. ¿No será verdad, saliste de un cuento?
El mundo se vuelve más pequeño pero a la vez más delicioso dentro de este cuarto. Buscas sin buen resultado el diario, temiendo que Mariana lo haya leído, y se entere con morbo de nuestros secretos a voces, que lo habías dejado junto a los libros enfrente del escritorio, lo intentas sacar de abajo del ropero, de entre las sabanas de la cama, del cuarto de la hermana y entre las gorras del cajón de papá. Se acaba mi cigarro.
El diario aparece y la puerta se cierra, se desentierra de alguna parte y leemos en silencio. Lo cerramos al iniciar una lucha de miradas, de besos, de respiraciones cortadas, de un abrazo desesperado por abrazarnos muy fuerte. Caemos divertidos en la cama, nos vemos a los ojos, cómplices de este momento.
La boca, los ojos, las mejillas, el cuello. Giramos, nos acariciamos la espalda, nos damos la mano con fuerza para no perdernos. Recordamos algún pasaje literario, el acento, aquel otro día, el lunes, la Maga, el axolotl salamandra, la muerte, cronopios, risas, de nuevo poesía, colores, la hora y de nuevo te beso, me besas, nos besamos. Me aprietas un poco más las manos, me muerdes, silencio, cerramos los ojos, caemos y reímos de nuevo. Euforia.
Tomamos té debajo de las cobijas, cerramos los ojos, nos acariciamos los parpados con los labios, la piel desnuda y fresca. El silencio pasmódico de las avispas en la ventana y el olor de los libros junto a la cama nos arrullan hasta dormirnos, mientras soñamos a que estamos en la orilla del mundo, a que sentimos el aire jugando en nuestro cabello y escapando entre nuestros dedos cuando lo queremos agarrar, como agua. No hablas, no abres la boca, ni mueves la lengua, pero te escucho; yo también...
El susurro nos despierta, reímos de nuevo, nos mordemos las piernas, los brazos, los muslos, los dedos, nos comemos enteros y nos contemplamos casi serios, conversamos de nuevo en silencio.
Nos vestimos y prendemos un cigarro de camino a la biblioteca, a regresar cada quien a su libro, cada uno a su cuento.
ECCE LUPUS
Permiso para proyectarse.
La imagen la saqué de algún lado del internet. |
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Y estas ahí, sentado frente a mi,
al otro lado.
Me distraen tus labios,
me distrae tu mirada de conejo,
tus encantos sencillos.
Quisiera echar a correr detrás de ti,
alcanzarte y probar la tibia sangre,
más roja y más fragante al ser derramada en tu pelaje.
Pero no puedo matarte, no puedo comerte.
Soy un lobo, enamorado de un conejo;
un conejo suicida, enamorado del lobo.
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YO MOLDEANDO ESCULTURAS, FOTO PATROCINADA POR JIMENA. |
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ESTUPIDECES |
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Eran como las 3 de la mañana y cómo de costumbre no podía dormir por haberme desvelado tanto durante estos últimos meses, con la diferencia de que no tenía nada que hacer hoy e incluso me había perdido otra reunión con los amigos, no sé si por apatía o porqué realmente me sintiera mal físicamente. Di muchas vueltas en la cama antes de poder dormir, pero justo en ese momento la puerta del cuarto se abrió, intenté girar para ver quién era, por supuesto que estaba muy asustada, nadie entra a tu cuarto de madrugada. Intente girar y no pude, de nuevo el miedo me inmovilizo (me pasa seguido); fue cuando claramente escuche el deslizar de la puerta, que se cerraba atrás del sujeto que había entrado, intente gritar y no salió nada de mi garganta. Una mano se deslizo junto a mis ojos y su cuerpo junto al mió, tenía las uñas pintadas de negro. Eso me tranquilizo repentinamente, porque relacione esas uñas negras con las de un amigo, del que no hace mucho había recibido correspondencia. En ese momento me pude mover, girar, para comprobar que todo había sido jugarreta de mi imaginación y quizá un poco del cansancio.
Pienso que no todos han sido días malos, a veces por ahí surgen cosas que me hacen feliz, cosas que puedo hacer, cosas para divertirme y que me hacen olvidar lo demás. Soy una persona normal, con una vida normal, en una casa normal, y con problemas y alegrías normales. A veces eso de decir normal les molesta a algunos, pero no me interesa.
Hace ya dos semanas que tengo la misma pesadilla (se puede decir que es una pesadilla), ayer precisamente me dormí en la sala, en un sillón; porqué han estado arreglando mi casa y no he podido usar mi recamara. Bien, pues estaba sola y de nueva cuenta no lograba dormir a pesar de lo mucho que lo deseaba, había visto ya 3 películas malas y ya no podía más. Cuando por fin apague la televisión un hombre entró por a puerta principal, y se me acerco, me tape la cara con una cobija e hice un esfuerzo por despertar (a estas alturas ya me acostumbre a mi pesadilla), de nuevo desapareció. Me levante y corrí a asegurar todas las puertas y ventanas, regresé a la sala y me di cuenta que la puerta de mi habitación estaba abierta cuando estaba segura de haber puesto llave desde antes incluso de ver las películas, retrocedí y una mano me sujeto de la mano. Estaba enojada, sabía que era la pesadilla y de repente me desperté; revisé la puerta y me senté a pensar que tal vez era más que una pesadilla.
Siempre he tenido conflictos con las pesadillas recurrentes, con esos malos sueños, los mismos escenarios, los mismos personajes o aquella ocasión que me dio insomnio durante varios días porque inmediatamente cerraba los ojos mi cuerpo se despedazaba hecho piedritas. Pero nunca antes había sido tan real, nunca lo había confundido tanto con el tiempo real. Cuanto más pienso en eso, más grave creo que es.
Como sea, no voy a contar todo mi repertorio de viajes oníricos, únicamente el último.
Ayer después de tranquilizarme, me volví a dormir, con la promesa de no volver a ver al tipo que se metía a mi casa quien-sabe-como; entonces soñé algo que de verdad deseaba.
Pero también comprobé algo que sospechaba, que estoy enamorada de alguien de quien no debería estar enamorada. Me muero de ganas por escribir su nombre, me muero de ganas por darle ese beso que me daba en sueño, por decirle que esa canción que le dedique es literal. |
NO SE PROYECTEN, NO ES REAL. | ES DIFÍCIL NO USAR AQUELLAS FRASES TRILLADAS, PERO ES MÁS DIFÍCIL USARLAS Y SABER QUE SON CIERTAS, QUE VALEN PORQUÉ LAS DICES SINCERAS Y NO PORQUÉ SON ADECUADAS Y SUENAN BIEN. NO HACE FALTA HACER POESÍA O UNA COMPLICADA TRAMA DE PALABRAS REBUSCADAS PARA DECIRTE ESTO, GRACIAS POR NO DEJARME SOLA, GRACIAS.

a Tochtli, Juan, Jimena, Johan y Memau.
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ALGUIEN A QUIÉN SEGUIR
"Los premios se basan siempre en una elección democrática. No obstante, el arte no tiene nada que ver con la democracia, puesto que el arte es una cuestión subjetiva.”
Jan Svankmajer, CINEASTA Y MI LOCO FAVORITO
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¿A QUIÉN ADMIRAN LOS LOBOS ESTEPARIOS CUÁNDO NO ESTAN CONTEMPLANDO AZALEAS?
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“Inventaron un cristal que dejaba pasar las moscas. La mosca venía, empujaba un poco con la cabeza y, pop, ya estaba del otro lado. Alegría enormísima de la mosca.”
Julio Cortazar, ESCRITOR Y MI AMOR PLATÓNICO
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¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? (1897)
Paul Gauguin, DEJÓ TODO Y SE VOLVIÓ PINTOR
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“Tengo la loca idea de retratar en un solo trabajo todo el universo material, todo lo que conocemos de los fenómenos de cielo y tierra, desde las nebulas de las estrellas hasta los musgos que crecen en las rocas graníticas —y todo eso en estilo vívido que estimule y cautive el sentimiento.”
Alexander Von Humboldt, ES TAN GRANDE, QUE NO CABRÍA EN ESTÁ DEFINICIÓN.
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“Si puedes vivir sin escribir, no escribas”
"La vida no es la que uno vivió, es como uno la recuerda y como la recuerda para contarla"
Gabriel García Márquez, EL MAESTRO.
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“Ustedes miran a lo alto cuando quieren elevarse, yo miro hacía abajo porqué estoy en las alturas; ¿Quién de ustedes puede reír y mantenerse al mismo tiempo en las alturas?”
Friedrich Nietzsche, PROFETA, GUÍA
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''Estamos conscientes de que no sólo somos maestros del color y la línea, sino también educadores políticos .Hay que trabajar, trabajar por México”
Pablo O´Higgins, MURALISTA MEXICANO, NACIDO EN E.U.A.
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EN RESPUESTA A LOS COMENTARIOS... ¿FRIDA? NO HAY UNA RAZÓN PARA SEGUIR A FRIDA, NO ES LO MISMO BELLEZA QUE GENIALIDAD... NO ES LO MISMO ADMIRACIÓN QUE APRENDIZAJE.
FRIDA FUE UNA EXCELENTE PINTORA, PORQUÉ PUDO PINTARSE A SI MISMA, PERO SU VIDA NO ES ALGO QUE NADIE CON SENTIDO DE LA REALIDAD ESTE DISPUESTO A SEGUIR, SU ARTE ES EGOISTA, ADEMÁS... BUENO, HABRÍA DECENAS DE ´PERSONAS MEJORES PARA TOMAR COMO EJEMPLO EN LA LISTA... ES ESTUPIDO E INCOHERENTE IMAGINAR A FRIDA JUNTO CON ESTOS PERSONAJES... SI ME NECESITAN: 044 55 16 87 67 38
SOLO SI ES IMPORTANTE




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Estoy esperando a que mi cuerpo se empiece a descomponer, mañana por la mañana un millar de gusanos empezaran a crecer dentro de mi. Estoy seguro que así pasará y no creo poder hacer nada por impedirlo, pero tampoco tengo ganas ni fuerzas para adelantarlo, estoy convaleciendo una muerte prematura, que sanará al amanecer cuando me convierta en una sopa pestilente de gusanos, de moscas.
Hace tiempo que el hastío de está casa se comió el constante silbato de los grillos y lo desvaneció, desvaneció todo sonido y el ruido es como un taladro en mi cabeza. Y yo no sé si el lugar me hace sentir así o soy yo él que hace este cuarto de color gris, no sé si soy quien ha arrancado la pintura de las paredes, o quién ha viciado el aire y apagado las luces.
Hoy descubrí que he perdido todo, y peor aún, ya no me importa. El último plato de comida está siendo devorado por una sombra sepia que se metió por una ventana hace ya tiempo y que ha ido alimentándose poco a poco de toda mi vida, incluso de mi piel y de mi cuerpo, ahora sucio y seco. Si se pudiera encontrar algún orden seria de una complejidad exquisita. Una pieza verdeamarilla de carne se ofrece suculenta al espectador, fragante y temblorosa.
Estuve vagando todo el día, caminando sin llegar a ningún lado, estoy exhausto de negarme a la terrible verdad de llegar al fin… a mi… al que nunca le gustó perder, al que lo tuvo todo y todo lo dejó. Las heridas del pasado no están cauterizadas y me han seguido hasta el futuro.
Un día se me ocurrió que ya era suficiente dejar de creer en mi, y empecé a ser aquello de lo que siempre había hecho desdén. Ella me decía “Yo creo en ti”, pero yo… bueno, yo ya no creía. Y se canso de sonreír para mi, de no ser correspondida y después fue demasiado tarde, y ya no estaba. Se había cansado de besar mis lágrimas, de curarse las quemaduras saladas de los labios, y buscó una salida fácil en los brazos de un hombre al que no amaba.
“Hubiera dejado todo por ti, si tan solo me lo hubieras pedido”, me dijo al marcharse. No respondí, no dije nada. Nunca he dudado de esas palabras, pero no se lo pedí; la dejé ir, porque hacía mucho que la había perdido. Hacía mucho que yo mismo no me encontraba, la verdad, ya no importa ahora. Ya no importa nada.
LOBO ESTEPARIO |
No sé que diablos me ocurre i´m so sad, but i don´t know why o si, pero me rehuso a creer que no es cierto lo que yo creía, es cómo decir “he vivido engañada”, pero no es gracioso… ¿qué pasa cuando te creas una imagen de alguien que no coincide con la realidad? ¿cuándo te enamoras de una idea?... esto es una estupidez teniendo tantas cosas por las cuales preocuparse, las relaciones personales son una distracción para el progreso del pensamiento… ya pasó el Romanticismo, es momento de dejar de ser niños, no hay tiempo para ponerse tristes. No estoy de humor para el amor. Yo inventé el hombre del que me hubiera querido enamorar… y el aceptó.
Hay muchas formas de decirlo.
PORFAVOR, NO ME MANDEN CONMISERACIÓN, ES SOLO UN INTENTO LITERARIO, NO MI AUTOBIOGRAFÍA.
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¿QUIEN DIJO QUE SERIA FÁCIL?
Solo alcance a escuchar el ruido de la botella al quebrarse en mis pies, había resbalado tan repentinamente de mis manos cansadas, de mi cuerpo cansado. Mis sentidos cansados que me hacían de reacciones lentas.
Los cristales escarcharon el suelo de la pista e interrumpieron un momento el ir y venir de los que bailaban. Hubiera querido irme a dormir en ese momento, perecer momentáneamente, cerrar los ojos, dormir.
Tenía 43 horas sin descansar, entre el trabajo en la galería y las inspiraciones de media noche se iba colando poco a poco el examen profesional y las responsabilidades de la beca. Y es que juré que no iba a detenerme hasta llegar aquí, hasta el límite de mis fuerzas, hasta el límite de mi cuerpo. En mi última oportunidad por recuperar lo único que pensaba no había sacrificado por todo esto, pero había esperado ya una hora cuando me di cuenta que no iba aparecer, lo había perdido hacía mucho. El arte es una amante celosa y mi resignación me hizo comenzar a rayar obsesivamente la parte de atrás de la hoja donde había anotado la dirección de la cita, con una línea continua, hasta formarme a mi misma.
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Hubiera preferido quedarme allí entre sus pechos, recorriendo con mis dedos lentamente sus muslos, comiendo ferozmente de su boca; hiriendo deliciosamente esos labios, dejándome llevar por su insinuante mirada. Hubiera querido la eternidad para los dos… pero así son los sueños. |
| QUERIDOS AMIGOS Y LECTORES:
Estoy muy feliz de haber podido hace más o menos seis meses empezar esté blog (por cierto, hablando de "futbol", si no ma...); he conocido gente muy agradable y hasta he hecho algunos amigos. Desafortunadamente no podré seguir haciendo cosas como leer seguido sus escritos o ver sus imágenes o participar de la misma manera. Desde mañana voy a empezar nuevos proyectos en mi vida y además tengo la Universidad, cursos y mis actividades en el museo (San Ildefonso), así que el rato que venía a relajarme, ahora será para trabajar en el taller del pintor Pablo Cotama. Voy a seguir escribiendo y también subiendo dibujillos, pero solo los fines de semana, los visitaré también los fines de semana (cuando no esté durmiendo 20 horas seguidas... de verdad me he desvelado).
Entre otras cosas muchas gracias a todos los que votaron por mi en el concurso de los "pulli", si quieren ver quién más ganó pueden hacerlo con el link de arriba (en los ojitos); lo de la revista ECLÉCTICA sigue vigente y a todos los que han mandado sus trabajos les vamos a mandar instrucciones al finalizar marzo y... ah si, hay ya otro concurso en el teatro mágico.
SINCERAMENTE
LOBO ESTEPARIO
¿cúantas fotos he salido con esa pinche bufanda?
Respondiendo a la invitación de Sandra, querida amiga y escritora.
Reglamento: El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos", y las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito de sus extraños hábitos deben también indicar claramente este reglamento. Al final, tendrán que escoger a 5 nuevas personas a indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olviden dejar un comentario en su blog o diario web diciendo "Has sido elegido" (si aceptan comentarios) y díganles que lean el suyo.
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HÁBITOS EXTRAÑOS DEL LOBO ESTEPARIO
Hablar en voz alta conmigo misma y contestando igual, creando interminables dialógos que a veces terminan en acaloradas discuciones y entonces me dejo de hablar durante días. (aunque al Conejo le parece muy gracioso)
Ir al parque un miercoles por la mañana del mes de abril a buscar jacarandas en flor para esperar a que pase una refaga de viento y llueva de color violeta claro mientras leo sentada en el piso alguna novela alemana, para después festejar con gritos y saltos de "morrito", después, dejarte las flores en el cabello y cerrar el libro.
Hacer muñequitos de tela y peluche grotescos y con nombres extraños y hablar con ellos e invitarlos a tomar té de limón que es mi favorito y volverlos jugadores del equipo de americano o voceros de la ONU, para después verlos partir con sus alitas de tul.
Organizar concursos literarios (aunque no sean tan buenos), estudiar y dar visitas guiadas gratuitas en museos, escribir resoluciones sobre reformas energeticas y desarrollo sustentable; creer que puedo cambiar el mundo.
Obsesionarme con la entomología y coleccionar lepidopteros (Papilio ...), practicar cetrería, cultivar begonias de colores, coleccionar hojas de arboles (tengo cómo mil), tener mascotas extrañas (serpientes, ranas arboricolas, ovejas, conejos, halcones, moloks, camaleones, tortugas). Muchas de estas últimas ya las deje por falta de tiempo.
Me gustaría saber los hábitos extraños de Tochtli (aunque conozco varios de los que soy participe), Ruby Corvo, Juan Pablo (de Asaltos Nocturnos), La Gabb@ y de Teresa (Divagaciones).
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LAPÍZ LABIAL ENVENENADO.
-¿Qué sucedió?- me pregunta un oficial bastante irritado.
- Se levantó de la mesa con un poco de prisa por fumar el cigarro acostumbrado y necesario, buscando de entre la ropa la cajetilla, la sacó de la bolsa trasera del pantalón, vacía. -
-¿Cómo dice usted?- me dice ya con desesperación.
- Si fuma no le da hambre, pero si come unas ansias tremendas por fumar le invaden. Desde que lo conocí no paso un solo almuerzo sin que saliera a apurar el cigarro. Pero sobre todo después de la cena, cuándo se para en la estancia a contemplar las estrellas o las luces de las escasas casas del pueblo, en ocasiones también cuándo ya se han ido a dormir todos, se queda sentado en las escaleras esperando a que se acabe el día, fumando.
Para espantar el vicio se iba leer, pedazos de vidas prestadas de los libros de Gabriel García Márquez o “El Maestro”, cómo él y yo le llamabamos. <<Lo abres en la página 20 y es magnífico, en la 60 igual… no importa de donde lo leas, es genial>> me decía, con ese especial asombro que solo él podía mostrar, con la alegría de un niño que contaba su primer victoria en el futbol, pero al mismo tiempo con la seriedad de un crítico literario. Él es en total una de esas sumas que pocas veces se pueden hacer, con las más imposibles combinaciones, incluso para estar serio tiene una expresión nueva, jamás antes inventada, entonces verlo sonreír también es verlo llorar, por decirlo de alguna manera muy poco original.
Por las noches al leer algún pasaje sobre guayabos tiene la necesidad de bajar por agua. <<No puede ser>> una de sus frases más recurrentes en momentos de escepticismo no sé deja de oír al escuchar accidentalmente las promesas políticas del aspirante a la presidencia más popular. Nunca le ha tenido simpatía a los políticos, mucho menos a ese que estaba en la televisión hablando sobre la reforma energética de petróleo y que engreído se pensaba ya presidente.
Se complacía con la eterna lectura y con el buen café, con las tardes frías tranquilas y con las caminatas solitarias; y durante años esto hubiera sido suficiente hasta que el peso de las tristezas fue demasiado para su edad, la edad de las alegrías y los amigos. Asistía a la escuela más severa de todas las del Politécnico, famosa por destruir el buen animo y apetito de sus alumnos en nombre de la ciencia. Era de platica difícil y pocas veces iniciaba las conversaciones con desconocidos, pero con los amigos que en pocas ocasiones visitaba, era ameno y divertido, buen consejero, pero sobre todo era bueno escuchando, lo que le valió el estatus de confesionario de todo aquel que en la vida le llamó amigo y todo aquel que pretendió serlo solo para ser escuchado.
Tuvo una vez un perro que se murió de tristeza el mismo día en que decidieron que debía de estar amarrado. Tuvo después otro que se murió en los últimos días de un noviembre en que se incendió el pasto y la madera seca atrás de la casa por razones nunca aclaradas.
Escuchaba solo música pasada de moda, de décadas anteriores y de las estaciones de radio menos populares, se sabía de memoria las letras de los mejores grupos y solistas de 1960 a 1990. No tenía ni idea de los escándalos ni de gente famosa ni del cine ni de la televisión. Si se enteraba del mundo era leyendo el periódico, cuándo alguna nota política ameritaba su atención. Vivía dentro de los límites de la ciudad más grande del mundo, en el rincón que menos podría llamarse ciudad y en uno de los pocos lugares donde todavía se podía dejar la casa sola y con las puertas abiertas.
Se deprimía muy pocas veces, pero lloraba con frecuencia para lavar las penas. Nunca escondió las lagrimas ante nadie, lloraba en silencio y de frente a quién fuera cuándo le daba la gana. Le molestaban los engaños con alevosía, la necedad de los engreídos y el ruido en exceso. Afuera de la puerta ventana de su habitación se había instalado un panal de avispas y ya había adquirido dimensiones descomunales que lo habían obligado a clausurarla, tenía una vista hacía “La mujer dormida” en el único lugar en el que se veía todos los días del año. Le daban miedo las lagartijas y las serpientes, que florecían en su jardín junto con la árnica, el cempazuclitl, las jacarandas, los pirules y toda la mala hierba que se empeñaba en sacar dejándole siempre rasguños y tierra en las manos, cuándo no uno que otro piquete de alacrán y que crecía el doble por las noches.
Tenía los ojos oscuros, de una mirada profunda y tranquila…- me detuve a pensar en su mirada, de la que ya llevaba varios años enamorada.
- ¡Maldita sea! Deje de darle vueltas señorita, digame cómo lo mató y termine de rendir su declaración.- me interrumpió con sobresalto.
- Simplemente lo bese en los labios, solo quería explicar que para haberlo matado así, tenía que haberlo conocido muy bien.- le dije.
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No es algo que te pueda definir totalmente con palabras, es más que hacer prosa sobrevalorada, es llorar en sueños, es creer en nada. Triste: son más que seis letras de que alardear, es perder la calma, es querer olvidar, es pedir demasiado y no obtener nada. Estar triste es cuándo te mojas bajo la lluvia y se te entumen los dedos, es cuándo en vez de que tus cabellos goteen ritmicamente se te congela el alma. Caminar a ciegas, no tener mirada. Que te duela el silencio, que te den la espalada. Cuando a pesar de conocer la soledad, dejas de disfrutarla.
Es cortar flores marchitas, quemar tu jardín y no ir por agua. La tristeza es una puta barata, que te causa fiebres, que te enferma, que quieres olvidar en otra cama. Es cuando gritas y no quieres ser escuchado, son palabras falsas y soluciones gastadas, palabras de aliento no pronunciadas y aquel amor a destiempo tras el velo de una prisa amarga.
¿Quieres saber cómo me siento? ¡No me preguntes! ¡Es mi tristeza!
Mi felicidad helada.
Ruth M. R.
:::escucha bien la canción:::

¿En qué maldito momento me enamore de esta mujer? Lo digo lleno de rabia al saberme preso de sus embrujos, de la magia vudú de sus ojos mágicos.
Hace casi 6 meses (en realidad sé hasta el número exacto de horas) de camino a las prácticas de natación coincidí con una increíble mujer, de la cuál sigo sabiendo muy poco, y de quien también estoy profundamente enamorado.
Piel blanca, 1.65 metros de altura, manos delgadas y femeninas, ojos rojos encantadores, tres lunares en posiciones estratégicas en todo el cuerpo (eso aún no lo sabia), “caída de agua solar” diría Octavio Paz de su cabello, sonrisa perpetua e indescifrable, unos muslos preciosos, unas caderas candentes, unos pechos perfectos. Todo dentro de un vestido algo infantil y algo aseñorado para su aparente edad de 17 años, digo aparente, porque en ese momento eso me pareció, pero a veces ella ha tenido más de 100. Algo de eso pude ver en aquella ocasión, otra parte me la imagine, pero lo cierto es que todo lo conocí el día de ayer, cuando por fin he aceptado con el corazón en el libro y el libro en la mano que estoy sin remedio alguno, enamorado. ¡Ah, desdichada sentencia!
Mayo 2005, día cualquiera (casi).
“Miro unos ojos que me miran y que casi instantáneamente se retiran… ”
Canción de amores de pueblos abandonados.
Está historia no empieza con la típica mujer ingenua, temerosa y necesitada de seguridad. No, no, está historia empieza con una mujer, cazadora furtiva, de labios sangrantes, de historial de prostituta inmaculada, de geisha citadina encarcelada.
Cuándo yo me dirigía a mis entrenamientos un detalle inusitado me hizo detenerme violentamente. Una hermosa mujer parada en medio de un prado viendo hacía el horizonte, descalza, con el cabello suelto, tan sola. Una visión tan fantástica que la creí imaginaria. Más aún cuando el viento soplo tan fuerte que casi caigo y ella no movió ni un solo músculo, ni siquiera para acomodar su cabello o mantener en su lugar el vuelo de la falda del vestido.
No sé y no sabría explicarlo, un primer cautiverio fue esa tarde, que me senté a contemplar a está mujer sin nombre y que me daba la espalda; olvidando completamente mi entrenamiento. Ella no me veía, pero me hablaba. Me hablo de la historia del mundo, me contó la formación de las cosas, me describió todos los mares y me dibujo con sus palabras el olor de las gardenias y de las begonias, hizo brillar el calor de los colores de las aves más exóticas del mundo ante mis ojos. Tenía una sabiduría celestial que me provoco sentirla más anciana, casi inmortal. Me habló de pueblos construidos en basamentos literarios, me explicó detalladamente el estado limbico comático de la falta de cuerpo.
…
Y yo mudo. Estupefacto ante las conclusiones transcendentales acerca de Dios que discursaba aquella dea descalza.
Llegó la noche, entonces sin previo aviso se me acerco, me dijo: “Tengo que irme”. Con unos zapatitos de cenicienta en la mano, se posó enfrente y abrió los brazos. Me rendí al abrazo. Un calor juvenil ascendió a mis mejillas desde las piernas de ella. Se dio la vuelta y se fue.
Si, una mujer parada en un prado (descalza), de espaldas a mí que me platica la historia del mundo mientras la miro encantado. Me abraza y sin más preámbulo, se va. Así fue.
Ya después ella recordaría ese momento convencida de que ocurrió en el último piso del edificio más alto del viejo centro de la ciudad, de tal suerte que me haría dudar de mi versión sino fuera porqué revisando la agenda confirme el horario de mis prácticas de natación.
Y es a ella, a ella. A la que no tiene nombre, a Cinthya, a Rosa, a Liliana, a Carolina, a Isabel, a Daniela, a Fernanda, a Margarita. A la que diario se inventa. A la que amo sin saberme amado. Mujer que desapareció hoy mientras yo dormía. Y hasta puedo verla acariciando mi cabello, y la puedo ver agachada para besarme la mano, y salir hermosa vestida de flores de mi cuarto. A la que me tomo de la mano para bailar los valses tristes de Pietro Crespi, mientras me decía como son los hoteles en Buenos Aires al oído.
La espere cada día a la misma hora en el mismo prado, para conversar sin vernos a los ojos. Y ella me recitaba completas las obras de Lewis Carroll, y yo le contestaba con las de los hermanos Grimm, y como dos niños reímos juntos entre los versos:
“Niña de pura y despejada frente
en cuyos ojos brilla el asombro de un sueño:
aunque el tiempo pase raudo y quiera
que media vida me separe de la tuya
tu tierna sonrisa acogerá con gozo
el regalo, lleno de amor, de un cuento.
No he visto tu cara radiante de luz
ni he oído la caricia de tu risa de plata;
la memoria de tu joven vida no guardará
luego de mí recuerdo alguno...
¡Básteme ahora que quieras escuchar
el cuento que te voy a contar!
(…)”
Y las tardes volaban, yo sin entrenar, ella sin darme la cara.
Estoy sentado encima de la torre del campanario de la catedral, esperando a mi novia fugitiva, y la noche me cae en los hombros como un triste abrigo.
Ya no me apena en lo absoluto que la luna me mire llorar.
No me agrada alardear del dolor, pero es inevitable. El sólo recuerdo de su pálido cuerpo sudando junto al mío, las manos unidas como dos serpientes luchando, su cabello resbalando sobre mi pecho desnudo, como un río castaño, un río de hojas otoñales. Y quiero gritarlo, y me levanto, vacilante en está cúpula y creo que voy a enloquecer de fiebre.
Pasaron un par de meses antes de que por fin decidiera levantarme, o más bien, de que mis piernas pudieran tener la fuerza para eso. Porqué entre sus palabras mi cuerpo se congelaba de emoción, y sólo el fuerte palpitar de mi corazón me hacía afirmar que aún estaba vivo. Y es que he olvidado todo acto humano desde aquel día: comer, beber, dormir… ¡Prisionero de un amor que devora!
Y si tal sólo pudiera comprobar que ella… que ella es real. Si cuándo… si… No, no puedo continuar.
(…)
Ha comenzado a llover. Igual que en la ocasión que desesperado por aquel vestido que mojado mostraba aquel cuerpo, me decidí, camine y de una vez por todas y sintiéndome culpable y liberado, la bese ¡Ay Dios, qué si la bese! Comí del fruto maduro de sus labios, cocinado por las brasas de sus sabias cátedras. Y ella me correspondió y reía, divertida, bebimos del agua de lluvia de nuestros rostros.
- ¿Porqué tardó usted tanto?- Me dijo sonriente.
- Tenía que estar seguro de no estar soñando, tal vez al despertar desearía volver a cerrar los ojos.-
- Ciérrelos.-
Tuve miedo, de que al abrirlos desapareciera. Pero obedecí en silencio, temblando, quizá por el frío. Un frío terrible, y de nuevo sentí sus labios y de nuevo sentí el calor juvenil de sus piernas, de su dorso, de sus manos y hasta de sus ojos que aunque no los veía, los sentía mirando, y ya no hubo frío, y mi corazón fue todo verano.
Hoy sólo soy invierno.
Me sentí de nuevo cómo aquel chiquillo que recibía su primer beso, ilusionado. Y ayer toda esa ilusión se desvaneció. Llegue a casa más temprano de lo normal y comenzó a inquietarme el olor de un perfume conocido, que tanto tiempo atrás yo descubrí entre nuestras sesiones en aquella estepa donde ella me hablaba descalza y donde junto con sus palabras volaban también hasta mi las flores del perfume de su piel. Me asomé a todas las ventanas, corrí a todas las puertas, hacía un tiempo que no la veía y de todas aquellas citas un solo beso me había regalado, único y cruel. Por supuesto que pasamos también muchas tardes juntos, caminábamos entre abetos, desayunábamos en las plazitas, correteábamos palomas, pero sobre todo nos leíamos el uno al otro; no siendo yo el narrador más emotivo; pero uno solo fue el beso antes de ayer.
Triste y asustado por mi propia necedad de encontrarla cerca me fui a mi cuarto. Allí estaba, desnuda, tan blanca que su piel destellaba a pesar de la insuficiente iluminación de mi recámara. La risa divertida que dejó escapar me salvo de pensar que eran mis ganas de verla y no ella la que estaban presentes, me tomó de la mano derecha y me acercó hacía ella.
…
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