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    BASADO EN UNA HISTORIAL REAL

     

     

     

     Querido diario:

     

    Hoy, el mundo ha cambiado, acabo de despertar de la realidad más cruda que mis 19 años han visto hasta ahora y mi mente está tan revuelta que no sé ni  porqué escribo y si tiene esto algún sentido. Está mañana al levantarme sentí por primera vez que este departamento no estaba solo; mi hermano estaba sentado en la mesa sencilla de la cocina, había preparado el desayuno: el café, huevos cocidos, fruta picada y un sándwich de mermelada de fresa con mantequilla. Nunca me sentí menos sola desde que llegue al Distrito Federal hasta está mañana. Nunca.

     

    Al verlo mis ojos se humedecieron, pensé que todo habría sido solo una pesadilla, una triste y desgraciada pesadilla. Corrí hacía él, le bese la fría frente y comimos alegres en silencio.

     

    Las 8:00 en punto, debo irme a la Universidad y salgo tranquila de la casa, nos despedimos en la puerta y al llegar a la escalera vuelvo la mirada una vez más… se ha desvanecido. No. No, entró al departamento sin cerrar la puerta, así que camino hasta allí y la cierro mientras grito hacía adentro “¡Hasta luego!”.

     

    Al entrar a la escuela una bala de incertidumbre atravesó mi cabeza y de repente la pesadilla fue comprendida, mi hermano estaba irremediablemente muerto. Pero, pero… ¿Cómo podría ser, si habíamos desayunado juntos? ¿Cómo podría entonces haber besado su frente, su… fría frente? ¡No! No es verdad.

     

    La incertidumbre me paralizó por varios minutos hasta que la fuerza de varias miradas me hizo reaccionar, estaba en la puerta del salón de clases y 30 pares de ojos me contemplaban en silencio, y más que la mirada fue la compasión la que me hizo volver en mi, había una compasión empalagosa en aquellas miradas y un largo silencio después. Ellos lo sabían. Asustada busque entre aquellas figuras conocidas, algo que rompiera esa inmovilidad. Puedo suponer de qué manera me contemplaban, porque seguramente me veía tan perturbada que uno de ellos se acercó y me abrazó.

    “Gracias” dije. (¿Gracias?)

    Mi cabeza se hundió en esos hombros, las miradas se alejaron y el ambiente se relajó. Me senté y reconocí a todos.

    “¿Te sientes mejor?” me preguntó Erika, que me había abrazado.

    “Sí, ¿porqué?” le dije sin pensar.

    “Ayer te veías bastante mal, me arrepentí de no acompañarte a tu casa, no debí haberte dejado sola, pero no sabía que hacer y no sabía que decir…” susurraba algo exaltada.

    “¿Sola?”

    “Pues si… lo lamento tanto.”

    “No te preocupes, no estaba sola” le dije tranquilamente.

    Ella soltó un suspiro largo y se dio la vuelta, la maestra comenzó la lección.

     

    (…)

     

    El día transcurrió normal a partir de ese momento, aún siguieron mandándome tristes gestos y bastantes silencios, pero de todas formas no me importó, mis pensamientos estaban alejados, estaba recordando mi casa, allá en la bella Michoacán: el jardín llenó de flores, las cortinas ligeras de la sala, las pinturas de mi mamá, mi padre tomando café en su sillón, el gato en la ventana, ahhh… extraño tanto mi hogar. Desde que llegue acá a estudiar, lo he visitado tan pocas veces. Aquel cuarto de niña con sus paredes amarillas, la niña que salió temprano del lecho para ir a la capital a buscar un futuro mejor, para estudiar en la Universidad, para abrir una brecha a mis hermanitos… Rosa y Ricardo.

     

    Aún recuerdo la despedida hace un año más o menos, todos estaban alegres por mi, yo sabía que mi madre estaba ahogándose las lagrimas en la garganta para no llorar, y yo se lo agradecía, pues fácilmente hubiera decidido quedarme. Rosa me compró este diario, para que nunca olvidara nada, mi padre me daba mil consejos, y  mientras todos me colmaban de bendiciones Ricardo había ido a esconderse debajo de la cama. Yo pensé que estaba celoso, porqué siempre fue muy envidioso, así que no hice mucho caso. Semanas antes se la había pasado festejando por el nuevo cuarto que tendría, más amplío que el anterior, y porqué ahora seria el más grande de la casa… 12 años y ya era “el hermano mayor”. Claro, sí yo no estaba.

     

    Llegó el momento de irse y me sentí culpable de hacerlo sin decirle adios a Ricardo así que lo fui a buscar, llegue y al verme salto de la cama a mis brazos: “No te vayas, porfavor”; sendas lagrimas rodaron de sus regordetes cachetitos. “No te vayas” me dijo de nuevo. Y yo no sabía que hacer, lo puse de nuevo en la casa no sin alguna dificultad, ya que estaba aferrado de manos y pies a mi.

    “Entiende” le dije ya un poco molesta.

    “Voy a volver, regresaré y vendré a visitarlos, lo prometo” y salí de allí.

     

    Cumplí mi promesa, llamaba por telefóno todos los días y cada mes iba a casa a pasar un par de días con mi familia, pero ya no era lo mismo, ya nunca va a serlo.

    La última llamada que recibí fue hace tres días, era mi tío Antonio:

     

    “¿Araceli?”

    “¿Tío Antonio?, ¡Que milagro! Vaya, es la primera vez que me llamas ¿Cómo has estado?”

    “…”

    “¿Sucede algo?”

    “Pues Ricardito está en el hospital, y pues quieren que vengas.”

    Y a mi mente vino aquella ocasión en que se rompió la pierna por andar jugando en la escalera y tuve que faltar un par de días a la Facultad para estar con el en casa, después de todo no la pasamos nada mal, así que está vez no me preocupe demasiado, seguro estaría feliz de verme, un día anterior hablamos por teléfono.

    Ricardo estaba más serio que de costumbre, tenía metida en la cabeza la idea de irse unos días conmigo, pero aún no estaban cerca las vacaciones y mis papás jamás lo permitirían, así que finalmente lo convencí de esperar a diciembre, a tal vez la segunda semana, para pasar Navidad y Año Nuevo con mamá, papá y Rosa. Antes de colgar me dijo: “Hasta luego, ya no te enojes, prometo esperar.” Y colgó.

    … … el único sonido que quedó fue la monótona señal de imitación del auricular… … cómo ahora. Mi tío colgó, quedando antes en la hora a la que me verían en la central ese mismo día.

     

    Nunca imagine lo que pasaría, aún no estoy segura de que halla pasado. No quiero.

     

    Subimos al carro de mi tío, él sumamente nervioso me ponía de vez en cuándo la mano en el hombro y tuve el presentimiento de que mi hermano tenía algo más que una pierna rota.

     

    “Hay que ser fuertes Araceli” me dijo.

    El aire abandono mi cuerpo y para cuándo tuve fuerza para preguntar habíamos llegado a casa, ¡Dios me perdone si miento al decir que fue el infierno para mi!

    50 sillas enfiladas en el jardín, tíos y tías, primos y primas, mi madre evitando enfrentarme abrazando a mi padre. Ni una sola mirada, ni una sola palabra para mi.

    Y en el momento más angustiante de mi vida, entre corriendo a la casa, ni siquiera pase a la estancia, corrí a busca a Ricardo debajo de la cama…

     

    ¡No!

     

    Bajo la escalera y lo veo, lo abrazo, lo cargó hacía mi pecho mientras acaricio su pelo, sus manos la frías y muertas tan suaves como siempre. Y por más que lo llamó, ya no contesta.

     

    “¿Ricardo?”

     

    A duras penas me separan del cuerpo muerto de mi hermano.

    Y yo gritando: “¡No es justo, tiene trece años!

     

    (…)

     

    Sus mejillas antes tan rosas, su frente sudorosa de hacer tanto ejercicio por andar corriendo con la pelota adentro… ya nadie romperá floreros en casa, ya nadie me jalará el cabello. Ya nadie suplicará cada mes:

    “Araceli, no te vayas… por favor” y nadie me besará los ojos para secar mis lágrimas, mis tontas lágrimas: “Araceli, no llores por ese muchacho, yo también te quiero… mucho más”.

     

    Yo no supe cuánto quise a mi hermano hasta que lo tuve tan lejos, y descubrí que era lo qué más extrañaba de Michoacán, pero yo no podía volver. Yo estaba en la Universidad por ti y por Rosa. Perdóname, quizá no te perdí está semana, quizá te perdí desde aquel día en que decidí venir…

     

    Las lágrimas mojaron mi cuaderno de notas, y la maestra me sacó del salón para respirar mejor.

     

    “Mi hermano no puede estar muerto, estaba conmigo está mañana” le digo enojada.

    “Tienes que ser fuerte” contesta comprensiva la maestra.

    “¿Ya para qué?” y le grito “Sí lo que por falta de fuerza no le dije, ya no se lo puedo decir.”

     

    De repente la maestra ya incomodada se da la vuelta y se marcha. Y yo también vuelvo a mi departamento de universitaria. Más abandonado y más gris que antes.

     

    “¡Ya regrese!”

    Viene a mi encuentro Ricardo y me abraza como aquella vez:

    “No te vuelvas a ir, por favor”

    “Nunca, no de nuevo” y le beso la fría frente.

     

     

    Mi hermano se suicido el lunes, después de colgar el teléfono.

    Rosa de 10 años lo encontró aún luchando contra la soga, pero sus manos infantiles fueron incapaces de salvarle la vida, y lo vio morir. Después del funeral quise platicar con ella, pero ninguna de las dos pudimos y entiendo su voto de silencio. Entiendo, entiendo la angustia que sintió, y sobre todo la impotencia.

     

    ¿Qué lo hizo tomar esa decisión? Resolverlo no lo va a traer de nuevo. Pero lo que más me duele es no haber podido estar allí. Yo sé que Rosa hubiera podido salvarlo si también mis manos la ayudaran.

                         

    (…)

     

     

    CORTAR ZARZAS PEQUEÑAS

     

     

     

    Así es, prendo un cigarro para mi y otro para ti al mismo tiempo, hacemos un chiste de eso. Reímos a gusto como lo hacemos solo nosotros, cuando nadie nos escucha, cosas que solo nosotros entendemos, como el titulo de esta fotografía. ¿No será verdad, saliste de un cuento?

    El mundo se vuelve más pequeño pero a la vez más delicioso dentro de este cuarto. Buscas sin buen resultado el diario, temiendo que Mariana lo haya leído, y se entere con morbo de nuestros secretos a voces, que lo habías dejado junto a los libros enfrente del escritorio, lo intentas sacar de abajo del ropero, de entre las sabanas de la cama, del cuarto de la hermana y entre las gorras del cajón de papá. Se acaba mi cigarro.

    El diario aparece y la puerta se cierra, se desentierra de alguna parte y leemos en silencio. Lo cerramos al iniciar una lucha de miradas, de besos, de respiraciones cortadas, de un abrazo desesperado por abrazarnos muy fuerte. Caemos divertidos en la cama, nos vemos a los ojos, cómplices de este momento.

    La boca, los ojos, las mejillas, el cuello. Giramos, nos acariciamos la espalda, nos damos la mano con fuerza para no perdernos. Recordamos algún pasaje literario, el acento, aquel otro día, el lunes, la Maga, el axolotl salamandra, la muerte, cronopios, risas, de nuevo poesía, colores, la hora y de nuevo te beso, me besas, nos besamos. Me aprietas un poco más las manos, me muerdes, silencio, cerramos los ojos, caemos y reímos de nuevo. Euforia.

    Tomamos té debajo de las cobijas, cerramos los ojos, nos acariciamos los parpados con los labios, la piel desnuda y fresca. El silencio pasmódico de las avispas en la ventana y el olor de los libros junto a la cama nos arrullan hasta dormirnos, mientras soñamos a que estamos en la orilla del mundo, a que sentimos el aire jugando en nuestro cabello y escapando entre nuestros dedos cuando lo queremos agarrar, como agua. No hablas, no abres la boca, ni mueves la lengua, pero te escucho; yo también...

    El susurro nos despierta, reímos de nuevo, nos mordemos las piernas, los brazos, los muslos, los dedos, nos comemos enteros y nos contemplamos casi serios, conversamos de nuevo en silencio.

    Nos vestimos y prendemos un cigarro de camino a la biblioteca, a regresar cada quien a su libro, cada uno a su cuento.

     

     

    ECCE LUPUS

    Permiso para proyectarse.

    La imagen la saqué de algún lado del internet.

     

     

     

    :::INANICIÓN:::

     

    Y estas ahí, sentado frente a mi,

    al otro lado.

    Me distraen tus labios,

    me distrae tu mirada de conejo,

    tus encantos sencillos.

    Quisiera echar a correr detrás de ti,

    alcanzarte y probar la tibia sangre,

    más roja y más fragante al ser derramada en tu pelaje.

    Pero no puedo matarte, no puedo comerte.

    Soy un lobo, enamorado de un conejo;

     un conejo suicida, enamorado del lobo.

     

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    YO MOLDEANDO ESCULTURAS, FOTO PATROCINADA POR JIMENA. 

     

     

     

    ESTUPIDECES

     

    Eran como las 3 de la mañana y cómo de costumbre no podía dormir por haberme desvelado tanto durante estos últimos meses, con la diferencia de que no tenía nada que hacer hoy e incluso me había perdido otra reunión con los amigos, no sé si por apatía o porqué realmente me sintiera mal físicamente. Di muchas vueltas en la cama antes de poder dormir, pero justo en ese momento la puerta del cuarto se abrió, intenté girar para ver quién era, por supuesto que estaba muy asustada, nadie entra a tu cuarto de madrugada. Intente girar y no pude, de nuevo el miedo me inmovilizo (me pasa seguido); fue cuando claramente escuche el deslizar de la puerta, que se cerraba atrás del sujeto que había entrado, intente gritar y no salió nada de mi garganta. Una mano se deslizo junto a mis ojos y su cuerpo junto al mió, tenía las uñas pintadas de negro. Eso me tranquilizo repentinamente, porque relacione esas uñas negras con las de un amigo, del que no hace mucho había recibido correspondencia. En ese momento me pude mover, girar, para comprobar que todo había sido jugarreta de mi imaginación y quizá un poco del cansancio.

    Pienso que no todos han sido días malos, a veces por ahí surgen cosas que me hacen feliz, cosas que puedo hacer, cosas para divertirme y que me hacen olvidar lo demás. Soy una persona normal, con una vida normal, en una casa normal, y con problemas y alegrías normales. A veces eso de decir normal les molesta a algunos, pero no me interesa.

    Hace ya dos semanas que tengo la misma pesadilla (se puede decir que es una pesadilla), ayer precisamente me dormí en la sala, en un sillón; porqué han estado arreglando mi casa y no he podido usar mi recamara. Bien, pues estaba sola y de nueva cuenta no lograba dormir a pesar de lo mucho que lo deseaba, había visto ya 3 películas malas y ya no podía más. Cuando por fin apague la televisión un hombre entró por a puerta principal, y se me acerco, me tape la cara con una cobija e hice un esfuerzo por despertar (a estas alturas ya me acostumbre a mi pesadilla), de nuevo desapareció. Me levante y corrí a  asegurar todas las puertas y ventanas, regresé a la sala y me di cuenta que la puerta de mi habitación estaba abierta cuando estaba segura de haber puesto llave desde antes incluso de ver las películas, retrocedí y una mano me sujeto de la mano. Estaba enojada, sabía que era la pesadilla y de repente me desperté; revisé la puerta y me senté a pensar que tal vez era más que una pesadilla.

    Siempre he tenido conflictos con las pesadillas recurrentes, con esos malos sueños, los mismos escenarios, los mismos personajes o aquella ocasión que me dio insomnio durante varios días porque inmediatamente cerraba los ojos mi cuerpo se despedazaba hecho piedritas. Pero nunca antes había sido tan real, nunca lo había confundido tanto con el tiempo real. Cuanto más pienso en eso, más grave creo que es.

    Como sea, no voy a contar todo mi repertorio de viajes oníricos, únicamente el último.

    Ayer después de tranquilizarme, me volví a dormir, con la promesa de no volver a ver al tipo que se metía a mi casa quien-sabe-como; entonces soñé algo que de verdad deseaba.

    Pero también comprobé algo que sospechaba, que estoy enamorada de alguien de quien no debería estar enamorada. Me muero de ganas por escribir su nombre, me muero de ganas por darle ese beso que me daba en sueño, por decirle que esa canción que le dedique es literal.

     

    NO SE PROYECTEN, NO ES REAL.

    YA NO IMPORTA

     

    Estoy esperando a que mi cuerpo se empiece a descomponer, mañana por la mañana un millar de gusanos empezaran a crecer dentro de mi. Estoy seguro que así pasará y no creo poder hacer nada por impedirlo, pero tampoco tengo ganas ni fuerzas para adelantarlo, estoy convaleciendo una muerte prematura, que sanará al amanecer cuando me convierta en una sopa pestilente de gusanos, de moscas.

     

    Hace tiempo que el hastío de está casa se comió el constante silbato de los grillos y lo desvaneció, desvaneció todo sonido y el ruido es como un taladro en mi cabeza. Y yo no sé si el lugar me hace sentir así o soy yo él que hace este cuarto de color gris, no sé si soy quien ha arrancado la pintura de las paredes, o quién ha viciado el aire y apagado las luces.

     

    Hoy descubrí que he perdido todo, y peor aún, ya no me importa. El último plato de comida está siendo devorado por una sombra sepia que se metió por una ventana hace ya tiempo y que ha ido alimentándose poco a poco de toda mi vida, incluso de mi piel y de mi cuerpo, ahora sucio y seco. Si se pudiera encontrar algún orden seria de una complejidad exquisita. Una pieza verdeamarilla de carne se ofrece suculenta al espectador, fragante y temblorosa.

     

    Estuve vagando todo el día, caminando sin llegar a ningún lado, estoy exhausto de negarme a la terrible verdad de llegar al fin… a mi… al que nunca le gustó perder, al que lo tuvo todo y todo lo dejó. Las heridas del pasado no están cauterizadas y me han seguido hasta el futuro.

     

    Un día se me ocurrió que ya era suficiente dejar de creer en mi, y empecé a ser aquello de lo que siempre había hecho desdén. Ella me decía “Yo creo en ti”, pero yo… bueno, yo ya no creía. Y se canso de sonreír para mi, de no ser correspondida y después fue demasiado tarde, y ya no estaba. Se había cansado de besar mis lágrimas, de curarse las quemaduras saladas de los labios, y buscó una salida fácil en los brazos de un hombre al que no amaba.

     

    “Hubiera dejado todo por ti, si tan solo me lo hubieras pedido”, me dijo al marcharse. No respondí, no dije nada. Nunca he dudado de esas palabras, pero no se lo pedí; la dejé ir, porque hacía mucho que la había perdido. Hacía mucho que yo mismo no me encontraba, la verdad, ya no importa ahora. Ya no importa nada.

     

    LOBO ESTEPARIO

     

     

     

    No sé que diablos me ocurre i´m so sad, but i don´t know why o si, pero me rehuso a creer que no es cierto lo que yo creía, es cómo decir “he vivido engañada”, pero  no es gracioso… ¿qué pasa cuando te creas una imagen de alguien que no coincide con la realidad? ¿cuándo te enamoras de una idea?... esto es una estupidez teniendo tantas cosas por las cuales preocuparse, las relaciones personales son una distracción para el progreso del pensamiento… ya pasó el Romanticismo, es momento de dejar de ser niños, no hay tiempo para ponerse  tristes. No estoy de humor para el amor. Yo inventé el hombre del que me hubiera querido enamorar… y el aceptó.

    Hay muchas formas de decirlo.

    PORFAVOR, NO ME MANDEN CONMISERACIÓN, ES SOLO UN INTENTO LITERARIO, NO MI AUTOBIOGRAFÍA.

     

     

     

    SACRIFICIOS

    ¿QUIEN DIJO QUE SERIA FÁCIL? 

    Solo alcance a escuchar el ruido de la botella al quebrarse en mis pies, había resbalado tan repentinamente de mis manos cansadas, de mi cuerpo cansado. Mis sentidos cansados que me hacían de reacciones lentas.

    Los cristales escarcharon el suelo de la pista e interrumpieron un momento el ir y venir de los que bailaban. Hubiera querido irme a dormir en ese momento, perecer momentáneamente, cerrar los ojos, dormir.

    Tenía 43 horas sin descansar, entre el trabajo en la galería y las inspiraciones de media noche se iba colando poco a poco el examen profesional y las responsabilidades de la beca. Y es que juré que no iba a detenerme hasta llegar aquí, hasta el límite de mis fuerzas, hasta el límite de mi cuerpo. En mi última oportunidad por recuperar lo único que pensaba no había sacrificado por todo esto, pero había esperado ya una hora cuando me di cuenta que no iba aparecer, lo había perdido hacía mucho. El arte es una amante celosa y mi resignación me hizo comenzar a rayar obsesivamente la parte de atrás de la hoja donde había anotado la dirección de la cita, con una línea continua, hasta formarme a mi misma.

     

     

    ¿?

     

     

     

     

     

    ¿En qué maldito momento me enamore de esta mujer? Lo digo lleno de rabia al saberme preso de sus embrujos, de la magia vudú de sus ojos mágicos.

     

    Hace casi 6 meses (en realidad sé hasta el número exacto de horas) de camino a las prácticas de natación coincidí con una increíble mujer, de la cuál sigo sabiendo muy poco, y de quien también estoy profundamente enamorado.

    Piel blanca, 1.65 metros de altura, manos delgadas y femeninas, ojos rojos encantadores, tres lunares en posiciones estratégicas en todo el cuerpo (eso aún no lo sabia), “caída de agua solar” diría Octavio Paz de su cabello, sonrisa perpetua e indescifrable, unos muslos preciosos, unas caderas candentes, unos pechos perfectos. Todo dentro de un vestido algo infantil y algo aseñorado para su aparente edad de 17 años, digo aparente, porque en ese momento eso me pareció, pero a veces ella ha tenido más de 100. Algo de eso pude ver en aquella ocasión, otra parte me la imagine, pero lo cierto es que todo lo conocí el día de ayer, cuando por fin he aceptado con el corazón en el libro y el libro en la mano que estoy sin remedio alguno, enamorado. ¡Ah, desdichada sentencia!

     

     

     

    Mayo 2005, día cualquiera (casi).

     

    “Miro unos ojos que me miran y que casi instantáneamente se retiran…  

    Canción de amores de pueblos abandonados.

     

    Está historia no empieza con la típica mujer ingenua, temerosa y necesitada de seguridad. No, no, está historia empieza con una mujer, cazadora furtiva, de labios sangrantes, de historial de prostituta inmaculada, de geisha citadina encarcelada.

     

     

     

    Cuándo yo me dirigía a mis entrenamientos un detalle inusitado me hizo detenerme violentamente. Una hermosa mujer parada en medio de un prado viendo hacía el horizonte, descalza, con el cabello suelto, tan sola. Una visión tan fantástica que la creí imaginaria. Más aún cuando el viento soplo tan fuerte que casi caigo y ella no movió ni un solo músculo, ni siquiera para acomodar su cabello o mantener en su lugar el vuelo de la falda del vestido.

    No sé y no sabría explicarlo, un primer cautiverio fue esa tarde, que me senté a contemplar a está mujer sin nombre y que me daba la espalda; olvidando completamente mi entrenamiento. Ella no me veía, pero me hablaba. Me hablo de la historia del mundo, me contó la formación de las cosas, me describió todos los mares y me dibujo con sus palabras el olor de las gardenias y de las begonias, hizo brillar el calor de los colores de las aves más exóticas del mundo ante mis ojos. Tenía una sabiduría celestial que me provoco sentirla más anciana, casi inmortal. Me habló de pueblos construidos en basamentos literarios, me explicó detalladamente el estado limbico comático de la falta de cuerpo.

    Y yo mudo. Estupefacto ante las conclusiones transcendentales acerca de Dios que discursaba aquella dea descalza.

    Llegó la noche, entonces sin previo aviso se me acerco, me dijo: “Tengo que irme”. Con unos zapatitos de cenicienta en la mano, se posó enfrente y abrió los brazos. Me rendí al abrazo. Un calor juvenil ascendió a mis mejillas desde las piernas de ella. Se dio la vuelta y se fue.

    Si, una mujer parada en un prado (descalza), de espaldas a mí que me platica la historia del mundo mientras la miro encantado. Me abraza y sin más preámbulo, se va. Así fue.

     

    Ya después ella recordaría ese momento convencida de que ocurrió en el último piso del edificio más alto del viejo centro de la ciudad, de tal suerte que me haría dudar de mi versión sino fuera porqué revisando la agenda confirme el horario de mis prácticas de natación.

     

    Y es a ella, a ella. A la que no tiene nombre, a Cinthya, a Rosa, a Liliana, a Carolina, a Isabel, a Daniela, a Fernanda, a Margarita. A la que diario se inventa. A la que amo sin saberme amado. Mujer que desapareció hoy mientras yo dormía. Y hasta puedo verla acariciando mi cabello, y la puedo ver agachada para besarme la mano, y salir hermosa vestida de flores de mi cuarto. A la que me tomo de la mano para bailar los valses tristes de Pietro Crespi, mientras me decía como son los hoteles en Buenos Aires al oído.

     

    La espere cada día a la misma hora en el mismo prado, para conversar sin vernos a los ojos. Y ella me recitaba completas las obras de Lewis Carroll, y yo le contestaba con las de los hermanos Grimm, y como dos niños reímos juntos entre los versos:

     

            “Niña de pura y despejada frente

         en cuyos ojos brilla el asombro de un sueño:

         aunque el tiempo pase raudo y quiera

         que media vida me separe de la tuya

         tu tierna sonrisa acogerá con gozo

         el regalo, lleno de amor, de un cuento.

     

         No he visto tu cara radiante de luz

         ni he oído la caricia de tu risa de plata;

         la memoria de tu joven vida no guardará

         luego de mí recuerdo alguno...

         ¡Básteme ahora que quieras escuchar

         el cuento que te voy a contar!

     

            (…)”

     

    Y las tardes volaban, yo sin entrenar, ella sin darme la cara.

    Estoy sentado encima de la torre del campanario de la catedral, esperando a mi novia fugitiva, y la noche me cae en los hombros como un triste abrigo.

    Ya no me apena en lo absoluto que la luna me mire llorar.

     

    No me agrada alardear del dolor, pero es inevitable. El sólo recuerdo de su pálido cuerpo sudando junto al mío, las manos unidas como dos serpientes luchando, su cabello resbalando sobre mi pecho desnudo, como un río castaño, un río de hojas otoñales. Y quiero gritarlo, y me levanto, vacilante en está cúpula y creo que voy a enloquecer de fiebre.

     

    Pasaron un par de meses antes de que por fin decidiera levantarme, o más bien, de que mis piernas pudieran tener la fuerza para eso. Porqué entre sus palabras  mi cuerpo se congelaba de emoción, y sólo el fuerte palpitar de mi corazón me hacía afirmar que aún estaba vivo. Y es que he olvidado todo acto humano desde aquel día: comer, beber, dormir… ¡Prisionero de un amor que devora!

     

    Y si tal sólo pudiera comprobar que ella… que ella es real. Si cuándo… si… No, no puedo continuar.

     

    (…)

     

    Ha comenzado a llover. Igual que en la ocasión que desesperado por aquel vestido que mojado mostraba aquel cuerpo, me decidí, camine y de una vez por todas y sintiéndome culpable y liberado, la bese ¡Ay Dios, qué si la bese! Comí del fruto maduro de sus labios, cocinado por las brasas de sus sabias cátedras. Y ella me correspondió y reía, divertida, bebimos del agua de lluvia de nuestros rostros.

     

    - ¿Porqué tardó usted tanto?- Me dijo sonriente.

    - Tenía que estar seguro de no estar soñando, tal vez al despertar desearía volver a cerrar los ojos.-

    - Ciérrelos.-

     

    Tuve miedo, de que al abrirlos desapareciera. Pero obedecí en silencio, temblando, quizá por el frío. Un frío terrible, y de nuevo sentí sus labios y de nuevo sentí el calor juvenil de sus piernas, de su dorso, de sus manos y hasta de sus ojos que aunque no los veía, los sentía mirando, y ya no hubo frío, y mi corazón fue todo verano.

    Hoy sólo soy invierno.

     

    Me sentí de nuevo cómo aquel chiquillo que recibía su primer beso, ilusionado. Y ayer toda esa ilusión se desvaneció. Llegue a casa más temprano de lo normal y comenzó a inquietarme el olor de un perfume conocido, que tanto tiempo atrás yo descubrí entre nuestras sesiones en aquella estepa donde ella me hablaba descalza y donde junto con sus palabras volaban también hasta mi las flores del perfume de su piel. Me asomé a todas las ventanas, corrí a todas las puertas, hacía un tiempo que no la veía y de todas aquellas citas un solo beso me había regalado, único y cruel. Por supuesto que pasamos también muchas tardes juntos, caminábamos entre abetos, desayunábamos en las plazitas, correteábamos palomas, pero sobre todo nos leíamos el uno al otro; no siendo yo el narrador más emotivo; pero uno solo fue el beso antes de ayer.

     

    Triste y asustado por mi propia necedad de encontrarla cerca me fui a mi cuarto. Allí estaba, desnuda, tan blanca que su piel destellaba a pesar de la insuficiente iluminación de mi recámara. La risa divertida que dejó escapar me salvo de pensar que eran mis ganas de verla y no ella la que estaban presentes, me tomó de la mano derecha y me acercó hacía ella.

     

    LO ENCONTRE

    Leí la portada del libro y me llene de emoción, estaba justo enfrente de mis ojos en el primer lugar donde lo había buscado hace cuatro años por primera vez, lo tome entre mis manos con la fascinación de un niño mientras recordaba la primera vez que peligrosamente mis ojos recorrieron la magia en Rayuela: “…respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio…”, la adrenalina y la curiosidad me convirtieron ya en la adolescencia en un asiduo lector, devoraba en una sola sobremesa libros completos. Acaricie el empastado con delicadeza, era una vieja edición del siglo pasado, mis manos dibujaban las letras del titulo “Historia de cronopios y fam...” y cuando esbozaba la “a” me interrumpió mi talento para conocer la hora, cuatro en punto, y saque el reloj para comprobar la predicción, cuatro en punto.

     

    Levante la mirada y ahí estaba, a la hora precisa de la cita. Era la primera vez que llegaba a tiempo. Mi mano aún con el libro descendió y una estupefacción cotidiana y constante invadió mi rostro. Estaba hermosa, la conocía perfectamente desde que empecé a buscar “Historia de cronopios y famas”, cuando hace cuatro años había decidido hacer una visita a un reconocido museo del centro de la ciudad y tenía planeado contratar un guía para este fin, la recepcionista del lugar me dio una fecha, una hora y un nombre por teléfono.

     

    Llegó el día y ya tenía mi itinerario: en la mañana iría a la biblioteca, dos horas después con una novela bajo el brazo subiría a la terraza del Centro Cultural de España a tomar un americano sin azúcar y un desayuno ligero,  exactamente a medio día iría a buscar un árbol en la Alameda para leer hasta las 3:40 y finalmente ir a el museo de San Ildefonso a ver una exposición de pintura. Había aprendido a disfrutar mi soledad, la vivía pausada y sin remordimientos, por eso no llevaba acompañantes a pesar de que los tenía en amigos y familiares.

     

    Pasaban de las cuatro y quince, estaba malhumorado porqué no había conseguido nada en la mañana arruinando el itinerario por no encontrar la novela y mi guía no llegaba, estaba en el proceso de convencerme de que no llegaría y casi decidido a marcharme cuándo una voz desconocida me dijo

            Nunca llegó tarde, no sé que pasó.-

    No sé si fue la familiaridad con la que se dirigió a mi, el sobresalto de la llegada ya inesperada o el hecho de que a pesar de la notoria prisa del arreglo del peinado había algo en ella que me atrajo, más aún cuándo tomó mi mano para conducirme adentro del patio de museo, y hasta olvide en ese momento el reclamo que ya tenía preparado por la impuntualidad. La segunda ocasión un beso largo y silencioso se estableció como saludo, un beso que siempre espere con ansias pero con la premisa de que vendría un cuarto de hora después, ella nunca llegó a tiempo, hasta ese día en la biblioteca.

     

    Baje parsimoniosamente mi tesoro, mientras un beso me hacía cerrar los ojos y al abrazar esa risueña cintura el libro cayó sin la menor preocupación de mi parte.

    -Hola.- me susurro recargada en mi hombro.

     

     

    Mi corazón comenzó a golpear escandalosamente mi pecho, unas semanas antes le había escrito:

    “… ¿A dónde llegaré así, extrañándote cada día más? Un día no soportaré y estaré a tu lado por siempre, en todos lados, en tus sueños, en tu soledad, en tus pensamientos…”

     

    Y ese día había llegado, en medio de hileras llenas de literatura del siglo, en la sección de autores hispanos.

     

    Tome su mano entre las mías y deslice delicadamente el anillo, cuando ella se permitió una lagrima por fin.

     

    Bueno, pues si me puse medio cursí en esta narración, pero quería compartir algo de mi, algo más personal... por así decirlo. Jajajajajaja, ahora me ha dado por publicar más seguido. Espero verlos pronto en la reunión en la casa de Daria y también espero que los que esten interesados en el proyecto de la revista envien sus participaciones, las bases estan abajo.

     

     

    2da PARTE

    "Si puedes vivir sin escribir, no escribas";

    gracias Conejo, por hacerme recordar las palabras de EL MAESTRO, hito a la palabra hecha alimento. Hace algunas semanas publique la primera parte de un cuento, un adelanto de un primer cápitulo, bueno, pues esto es la continuación, aunque no es presisamente todo lo que corresponde al primer cápitulo, puesto a que es mucho para un solo post. Ojalá les agrade, y si no pues ¿Qué le vamos a hacer?

     

    Y para los lectores: les recuerdo visitar el teatro mágico para participar en los concursos.

     

    Si quieres leer antes la primera parte de este debraye de media noche, haz clic aquí.

     

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                      SEGUNDA PARTE        

     

    Estoy sentado encima de la torre del campanario de la catedral, esperando a mi novia fugitiva, y la noche me cae en los hombros como un triste abrigo.

    Ya no me apena en lo absoluto que la luna me mire llorar.

     No me agrada alardear del dolor, pero es inevitable. El sólo recuerdo de su pálido cuerpo sudando junto al mío, las manos unidas como dos serpientes luchando, su cabello resbalando sobre mi pecho desnudo, como un río castaño, un río de hojas otoñales. Y quiero gritarlo, y me levanto, vacilante en está cúpula y creo que voy a enloquecer de fiebre.

     

    Pasaron un par de meses antes de que por fin decidiera levantarme, o más bien, de que mis piernas pudieran tener la fuerza para eso. Porqué entre sus palabras  mis cuerpo se congelaba de emoción, y sólo el fuerte palpitar de mi corazón me hacía afirmar que aún estaba vivo. Y es que he olvidado todo acto humano desde aquel día: comer, beber, dormir… ¡Prisionero de un amor que devora!

     

    Y si tal sólo pudiera comprobar que ella… que ella es real. Si cuándo… si… No, no puedo continuar.

     

    (…)

     

    Ha comenzado a llover. Igual que en la ocasión que desesperado por aquel vestido que mojado mostraba aquel cuerpo, me decidí, camine y de una vez por todas y sintiéndome culpable y liberado, la bese ¡Ay Dios, qué si la bese! Comí del fruto maduro de sus labios, cocinado por las brasas de sus sabias cátedras. Y ella me correspondió y reía, divertida, bebimos del agua de lluvia de nuestros rostros.

     

    - ¿Porqué tardó usted tanto?- Me dijo sonriente.

    - Tenía que estar seguro de no estar soñando, tal vez al despertar desearía volver a cerrar los ojos.-

    - Ciérrelos.-

     

    Tuve miedo, de que al abrirlos desapareciera. Pero obedecí en silencio, temblando, quizá por el frío. Un frío terrible, y de nuevo sentí sus labios y de nuevo sentí el calor juvenil de sus piernas, de su dorso, de sus manos y hasta de sus ojos que aunque no los veía, los sentía mirando, y ya no hubo frío, y mi corazón fue todo verano.

                                           Hoy sólo soy invierno.

     

     

    RECOMIENDO

    ANTES DE COMENZAR

     

    Aún sin título

    (En breve: de la historia del amor congelado en la nevera, y de esas ocasiones en que se nos ahoga el <<te amo>> en el pecho, les advierto que no es NADA melosita está historia)


    Café, cigarros, ya no sé que hacer para espantar el sueño. Cada noche vuelve con sus violentas alucinaciones, irreales o reales, ya no sabría decirlo. Llevo un mes sin dormir bien, duermo cuando me vence el cansancio. O tal vez es que vivo en un sueño eterno, no he dormido más de una hora seguida, pero a cada momento llevo el peso de la terrible certidumbre de quedar atrapado.

    Pálido, como mi vida, esta mi faz, mis ojos están perdidos en un mar de miedo, contrastan con mi rostro, parecen de un vidrio antiquísimo y amenazan reventar en llanto, aún el brillo de mis labios se ha perdido, gradualmente se ha degenerado el suave color rosa un morado luctuoso, agrietados dejan escapar la bocanada de humo a veces lloran sangre, a veces balbucean frases paranoicas.

    Te asesiné un jueves, cuando descendías hacia la cocina, mi mano no pudo contener su salvajismo, tomó tu cuello, te levantó en vilo y estrelló sin asomos de remordimiento tu cabeza contra el ángulo de la ventana, rápidamente una sustancia roja escurrió hacia el suelo, después una sustancia gris y viscosa, tus ojos se apagaron al instante. Abracé tu cuerpo inerte, y lloré hasta casi morir deshidratado. Dando tumbos arrastre tu cuerpo a la cocina, lave la sangre seca y con precisión infinita dividí tu cuerpo.

    Aún recuerdo lo como si fuera ayer, aún tengo nausea al recordar la sangre fresca. Basta con abrir mi refrigerador para mirarte de nuevo, de ti solo queda medio cuerpo, tuve que alimentarme con tus generosas piernas, aún conservo tu tórax, tus brazos. Tu cabeza en el congelador con las facciones tiesas y pálidas, igual que las mías. En tus labios tumefactos he puesto un cigarro para que lo fumes, pero ni lo has encendido, lo despreciaste y ha caído de al piso del congelador y tuve que golpearte, ni dolor expresaste, eso me enfureció mas…Pero te perdono, si no quieres fumar respeto tus ganas de vivir mas años, se ve que te gusta la vida de congelador.

    El día que te conocí te advertí que lo nuestro no iba a durar, pero te enamoraste de mí, no te alteraste el día que te dije que te comería, hasta pensé que te gustaba la idea porque sonreías con sorna. ¿Acaso no aprecias mi buen gusto? ¿Por qué ahora eres tan fría conmigo?

    ¿Sabes? de niño fui autista, sabía como hablar pero no me interesaba hacerlo. A los 5 años intenté asesinar a mi padre, no puede hacerlo, tuve que esperar a que mi cuerpo desarrollara su fuerza descomunal para poder cumplir mi cometido. Mi madre tampoco se salvó. Fueron mis primeras víctimas.

    Decidí dejar mi autismo cuando te vi caminando frente a mi puerta. Me convertí en una sombra que perseguía cada paso, fui tu celador, igual que mis anteriores víctimas, solo que a ti no quise asesinarte sin antes conocer el secreto detrás de tu sonrisa eternamente sardónica. Maldita. Esa fue mi perdición. Sabe ahora que nuestro encuentro no fue casual, conocía tu itinerario, y hasta podía predecir tus cambios de ánimo. Así que ese día que estabas sola y deprimida (como cada lunes) había decido yo atacarte. Te platiqué horas siendo que nunca en mi vida había usado las cuerdas bucales, te fascinó mi verbo prodigioso, y deseaste amarme con tanta fuerza que al segundo día que salimos ya me amabas.  

    Este mes tu figura en el congelador me ha despejado toda duda: tú eres la causa de mis pesadillas ¿Acaso sabes cuan tormentosa es? O mejor aún ¿Sabes cual es mi pesadilla?... Generalmente después de asesinar soñaba con mi víctima, mi mente recreaba cada golpe, la disección del cuerpo, es decir dulces sueños. Pero la noche que cayó después de tu muerte fue distinta: Después de que descendías de la escalera -hacia la cocina- mi mano se volvió pacífica, y en vez de tomar con barbarie tu cabeza la acarició, te deseé, recorrí tu cuerpo con mi mano, te desnudé y admiré cada palmo de tu cuerpo, delicadamente besé todo tu cuerpo y te recité poesía melosa y espontánea, te miré a los ojos y mi corazón palpitó por primera vez en mi vida, ¿Sabes el clímax de la pesadilla? Fue cuando te dije sinceramente <<Te amo>> ¡paf!, desperté llorando de indignación, y desee el suicidio tanto como ahora. ¿Entiendes mi temor a dormir ahora?.

    No queda otra salida, el filo la luz del refrigerador recorrió toda la navaja, iluminó con más intensidad la punta y al final adquirió un brillo parejo, mortal. De un tajo cerceno mi cuello, un <<ay>> escapa involuntario, mi cabeza tomada por el pelo es colocada por mi cuerpo en el congelador, junto a la tuya ¿sabes? He decidido vivir a tu lado hasta que nuestros cráneos se deshagan.

    By TDOM

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    Esto no lo escribí yo, pero me pareció de los mejores textos narrativos (sino es que lo mejor) que he leído en un blog (si bien es cierto que es un blog que visito mucho). Bueno y me he tomado la libertad de postearlo aquí para que lo vean. Y ¿A poco no? Ya estamos cansados de leer las mismas cursilerías siempre, este texto se sale de lo común y nos lleva en sus breves parrafos a todo un "travel sensations", muy bien. Tal vez hubiera estado más ad hoc ponerlo cómo recomendación en el Teatro Mágico, pero ni modo.

    Si quieren leer más de lo que escribe este morrito:

    MACONDO LINK

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    Por petición, publico mi "sexy gallerie" primera foto.

     

    SE ACABA... AMIGO

    Querido Amigo te escribo…

      

    Para que tengas una razón más para no darte por vencido.

    Complice, de mirada comprensiva.

    Porqué cuando camino por lugares desconocidos no temo, al ver un camino trazado con tus pasos junto al mio.

    Había dicho: “sitesis temporal”.

    Síntesis temporal, porqué la fuerza que me das rompe lo largo de los años.

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     La casa de todos a donde fui
    y a la que nunca fui invitado
    la gente pasando sin verme
    nadie me habla
                                   la boca cerrada.
     
     
    la puerta cerrada, los cambios de tiempo
    los segundos tranquilos pasando    
    el tiempo tranquilo
    pero yo con la angustia,
     
     
    aferrado al brazo del amigo a mi lado
    la mano comprensiva en mi mano,
    la pieza faltante. Angustia.
    Se acaba.
     
     
    Se acaba mi miedo mirando el reflejo pacifico
    en unos ojos cristalinos y nítidos
    que me sufre. Qué lloran
    por no reflejarme llorando.
     
     
    Se acaba...
    la busqueda jamás comenzada
    que empieza su fin en la mano,
    la mano que toma la mía.
     
     
    ¡Ah! dichosa la casa de todos,
    donde nadie me habla,
    porqué los ecos de las palabras amigas
    impiden que escuche otras voces.
     
    Amigo de mi alma.
    Sinceras palabras de aliento.
    Sincera la mirada en silencio.
    Sinceras las horas pasadas contigo.
     
    Se acaba la angustia, con tu mano en la mía.
    Amigo.
     
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    Este es el poema (risitas) con el que voy a participar en el concurso de "Días de Sol y Lluvia", espero les agrade, porqué lo he escrito de un solo golpe de inspiración, no es muy bueno. No todo es pasión y cosillas perversas, ni el empalagozo amor de los adolecentes (ya superenlo); no es de sentimiento triste, sino de contemplación. En realidad es un poco más descriptivo, de cuándo estamos al borde de un abismo a punto de saltar y llega alguien a salvarnos. Ya, al grano. Dedicado a mi mejor amigo.
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    Only 4u
     
     
     
     
    Pues si, me puse algo triste, y si, sí me sentí mal. Creo que era bastante obvio como para preguntar. Vaya, ¿Tu sabes por qué me duele?, pues por que te quiero. Chale, no son las palabras más delicadas las que yo hago, ni mis "autodialogos" los más inteligentes, ni muchos de mis chistes, y mi poesía es bastante mala (chale con la ortografía, además;por no mencionar defectos más graves de mi imperfectisima persona); la verdad mi ideal no es escribir bien, tu conoces cuál si lo es, ni tampoco tener un chingo de comentarios o de visitas (mmmta, eso es lo que menos me interesa), total que nadie entiende 100% de estas divagaciones lisérgicas, y tampoco lo deseo (entonces sería común y bastante predecible). No soy una persona cursi, me da vomito la "melosidad" y las palabritas rebuscadas, y los textos que se alucinan con trivialidades trilladas (los astros, el mar, el arcoiris, los ojos, el corazón, el cielo, la lluvia, la noche entre otras licencias literarias mal explotadas) y los intentos baratos de "un escrito profundo", nooooooo (son mam*****), no soy una persona cursi o intento no ser rídicula con lo que escribo, la intención va más allá (la intención, quizá no el resultado). Bueno, ¿Qué más da una explicación? Las letras son para que entre líneas sepas lo que te quiero decir y no te puedo decir con una fracesilla que siempre termina con un chistoso "pero yo más y te calllas", perdoname, tal vez no soy una prodigio para estas cosas, solo hago lo que siento, y a ti te siento bien adentro de mi. Y no me pidas perdón, perdoname a mi. (Debí haberlo escrito con anagrámas, pero ya es tarde, y tenemos ensayos que hacer para mañana, por eso, puedes borrarlo, si quieres)

    1ra PARTE

    ESTIMADOS LECTORES Y AMIGOS, ESTÁ ES LA PRIMERA PARTE DE UN CUENTO, AÚN SIN TITULO (SUGERENCIAS), EN REALIDAD NO PUBLICO EL TEXTO COMPLETO DE ESTE "CÁPITULO" YA QUE ES MUY LARGO COMO PARA QUÉ LO LEAN CON ANIMOS, ESPERO LES AGRADE. YA ARREGLE EL PROBLEMA DE LA CENSURA (MMTA), ASÍ QUE LA PROXIMA SEMANA PUBLICARÉ LA CONVOCATORIA A DOS CONCURSOS  MÁS:

    FOTOGRAFÍA Y HUMOR (Concurso sobre fotografías graciosas)

    ESCRIBE TUS SUEÑOS Y PESADILLAS (Concurso de literatura, para escribir algo que soñaron)

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    En qué maldito momento me enamore de esta mujer?

    Lo digo lleno de rabia al saberme preso de sus embrujos, de la magia vudú de sus ojos mágicos.

     

    Hace casi 6 meses (en realidad se hasta el número exacto de horas) de camino a las prácticas de natación coincidí con una increíble mujer, de la cuál sigo sabiendo muy poco, y de quien también estoy profundamente enamorado.

    Piel blanca, 1.65 metros de altura, manos delgadas y femeninas, ojos rojos encantadores, tres lunares en posiciones estratégicas en todo el cuerpo (eso aún no lo sabia), “caída de agua solar” diría Octavio Paz de su cabello, sonrisa perpetua e indescifrable, unos muslos preciosos, unas caderas candentes, unos pechos perfectos. Todo dentro de un vestido algo infantil y algo aseñorado para su aparente edad de 17 años, digo aparente, porque en ese momento eso me pareció, pero a veces ella ha tenido más de 100. Algo de eso pude ver en aquella ocasión, otra parte me la imagine, pero lo cierto es que todo lo conocí el día de ayer, cuando por fin he aceptado con el corazón en el libro y el libro en la mano que estoy sin remedio alguno, enamorado. ¡Ah, desdichada sentencia!

     

     

     

    Mayo 2005, día cualquiera (casi).

     

    “Miro unos ojos que me miran y que casi instantáneamente se retiran…   ” Canción de amores de pueblos abandonados.

     

    Está historia no empieza con la típica mujer ingenua, temerosa y necesitada de seguridad. No, no, está historia empieza con una mujer, cazadora furtiva, de labios sangrantes, de historial de prostituta inmaculada, de geisha citadina encarcelada.

     

     

     

    Cuándo yo me dirigía a mis entrenamientos un detalle inusitado me hizo detenerme violentamente. Una hermosa mujer parada en medio de un prado viendo hacía el horizonte, descalza, con el cabello suelto, tan sola. Una visión tan fantástica que la creí imaginaria. Más aún cuando el viento soplo tan fuerte que casi caigo y ella no movió ni un solo músculo, ni siquiera para acomodar su cabello o mantener en su lugar el vuelo de la falda del vestido.

    No sé y no sabría explicarlo, un primer cautiverio fue esa tarde, que me senté a contemplar a está mujer sin nombre y que me daba la espalda; olvidando completamente mi entrenamiento. Ella no me veía, pero me hablaba. Me hablo de la historia del mundo, me contó la formación de las cosas, me describió todos los mares y me dibujo con sus palabras el olor de las gardenias y de las begonias, hizo brillar el calor de los colores de las aves más exóticas del mundo ante mis ojos. Tenía una sabiduría celestial que me provoco sentirla más anciana, casi inmortal. Me habló de pueblos construidos en basamentos literarios, me explicó detalladamente el estado limbico comático de la falta de cuerpo.

    Y yo mudo. Estupefacto ante las conclusiones transcendentales acerca de Dios que discursaba aquella dea descalza.

    Llegó la noche, entonces sin previo aviso se me acerco, me dijo: “Tengo que irme”. Con unos zapatitos de cenicienta en la mano, se posó enfrente y abrió los brazos. Me rendí al abrazo. Un calor juvenil ascendió a mis mejillas desde las piernas de ella. Se dio la vuelta y se fue.

    Si, una mujer parada en un prado (descalza), de espaldas a mí que me platica la historia del mundo mientras la miro encantado. Me abraza y sin más preámbulo, se va. Así fue.

     

    Ya después ella recordaría ese momento convencida de que ocurrió en el último piso del edificio más alto del viejo centro de la ciudad, de tal suerte que me haría dudar de mi versión sino fuera porqué revisando la agenda confirme el horario de mis prácticas de natación.

     

    Y es a ella, a ella. A la que no tiene nombre, a Cinthya, a Rosa, a Liliana, a Carolina, a Isabel, a Daniela, a Fernanda, a Margarita. A la que diario se inventa. A la que amo sin saberme amado. Mujer que desapareció hoy mientras yo dormía. Y hasta puedo verla acariciando mi cabello, y la puedo ver agachada para besarme la mano, y salir hermosa vestida de flores de mi cuarto. A la que me tomo de la mano para bailar los valses tristes de Pietro Crespi, mientras me decía como son los hoteles en Buenos Aires al oído.

     

    La espere cada día a la misma hora en el mismo prado, para conversar sin vernos a los ojos. Y ella me recitaba completas las obras de Lewis Carroll, y yo le contestaba con las de los hermanos Grimm, y como dos niños reimos juntos entre los versos:

     

            “Niña de pura y despejada frente
         en cuyos ojos brilla el asombro de un sueño:
         aunque el tiempo pase raudo y quiera
         que media vida me separe de la tuya
         tu tierna sonrisa acogerá con gozo
         el regalo, lleno de amor, de un cuento.
     
         No he visto tu cara radiante de luz
         ni he oído la caricia de tu risa de plata;
         la memoria de tu joven vida no guardará
         luego de mí recuerdo alguno...
         ¡Básteme ahora que quieras escuchar
         el cuento que te voy a contar!
     
            (…)”

     

    Y las tardes volaban, yo sin entrenar, ella sin darme la cara.

     

     

     

     

     

     

    SEGUNDA PARTE

     

    RETO

    RETO
    A TU TOLERANCIA.
    Lo siento, estaba muy enojada.
    Perdón estimados lectores, está sentencia no va para todos, solo para uno (más bien dos) que han incomprendido las letras de este espacio y han coartado su libertad de expresion, han censurado su contenido, han violado la solemnidad y tranquilidad y han satanizado a su autora por la cobardia del rebaño al que pertenecen. ¡Estirpe cobarde! Qué le tiene miedo a sentir y a gritar y a dejar de ser un simple burgues conformista de sueños mortales y valores morales indefinidos. Aborrezco tu simpleza y tu falta de sentimientos y espiritualidad. A veces ciego y viejo se sabe algo de la vida, no es el caso.  (Perdón al resto de los lectores, tal vez ya no vuelva a escribir después de esto, ya que quieren censurar este blog)
    ___________________
     
     
    Ahora si, para todos. Los reto a interpretar de manera crítica, objetiva, el siguiente texto, a mostrar su capacidad de sintesis ante una expresión artística y pura.
    Espero de muy buena fe que haya quien sea capáz de entenderlo, aún sin un contexto real al alcance de este medio.
     
     
     
     
    Caníbales/Amantes

     

    Cada vez estoy mas enfermo... pero a nadie parece importarle.


    Caníbales/Amantes

     

    Lo descubrí en tu mirada,

    Penetrante…

    …carnívora

    Arrancaste mi piel con tus ojos

    Y tomaste, mi cuerpo frágil

    Entre tus garras de porcelana fina,

    Tu lengua suave…lobuna

    Prueba la sangre,

    Que escurre, apenas, de mis poros…

    …excitados

    Tus dientes, afilados,

    Mordieron mis labios tristes,

    Con mayor fuerza tiraste

    De mi labio inferior…

    Dolor…

             …dulzura…

                            …masoquismo.

    Respondo incitado por tus labios,

    Teñidos de rojo brillante,

    A roerte, te he sangrado

    Y bebo de tu sangre el placer…

    …frenesí…

                   …lujuria.

    De nuevo tus garras,

    Despedazando mi torso desnudo,

    Ahora las garras en mi omóplato,

    Tu yugular tentadora sucumbió

    Al deseo de mis dientes…

    Casi vencido caigo sobre tus muslos

    Me alimento, frugal,

    Tu garra en mi pulmón…

                                        …perforándolo,

    La pérdida de oxígeno,

    La vista nublada…

                              …la muerte.

     

    By TDOM

     

     
    Pues si me falta mucho de tranquilidad cuando alguien quiere coartar mi libertad, ya no solo de expresarme a mi gusto con las palabras, sino a sentirlas. Pero lo del texto es aparte. El mensaje de arriba no es para todos, ok? Solo les pido que porfavor dejen una interpretación o crítica de el escrito en letras rojas.
     
     
    Todo ideal es una utopia, hasta que te conviertes en un idealista, un genio o un revolucionario.
     

    REAL

    Hace mucho que quería publicar esto, lo tenía guardado en un borrador, porqué tengo un serio problema con eso de cuidar mi espacio personal y la intimidad, pero también aquí no importa, porque para ustedes yo no existo más allá del monitor, soy un ente virtual que sólo vive aquí, afuera tampoco existen ustedes para mi excepto algún habitante de Macondo, ya se lo había explicado a Enric. En fin, esto no lo van a poder entender muchos, algunos porqué no viven en México, otros porque viven en un mundo muy común y no le hacen justicia a lo real.
     
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    SUEÑO REAL

     
    Cierro la puerta blanca atrás de mi, y luego el silencio. Se fueron los lobos.
    Abro los ojos, y veo mi caballete con la pintura sin terminar enfrentandome, allí paradita gritandome: ¡Acabame, artísta mediocre! ¿Cuándo voy a estar colgada en la pared y voy a abandonar el caballete?; ya volví a despertar.
    Me doy cuenta que me volvi a dormir con la ropa puesta, hasta con los zapatos puestos. El celular vibra en el bosillo derecho 7:13 am.
    Me salgo de las sabanas de barquitos que naufragan color amarillo y azul, busco mis lentes en el piso, y al sacar la mano el frío me hace retroceder con ganas de volver a mi pesadilla recurrente que nació cuando tenía 8 años, y que a pesar de ser pesadilla ya se me hizó familiar y acogedora. Cierro los ojos, pero no puedo volver a dormir, ya se despabilo la voz de mi cabeza y me empieza a recordar que hoy voy a ir a San Ildefonso a un curso de arquitectura y que me tengo que bañar y poner algo decente, luego una nueva oleada de pensamientos ya más sin sentido que los primeros que me empezaron a contar sobre claveles de cuentos que había leído y de las canciones de Joaquin Sabines que me desvelaron ayer " tenían razón... mis amantes en eso de que antes el malo era yo, con una excepcion..."; basta. Me levanto de golpe, abro la puerta ventana de mi habitación, camino por la terraza de piso blanco y paredes amarillo pollo de mi atrio personal, bajo por las escaleras de fantasia de menos de un metro de angosto y más de cuatro de alto y todavía algo metida en la pesadilla de los lobos me bañé.
     
    Me puse un pantalón azul oscuro de marca conocida, zapatos negros de vestir, una blusa roja de cuello alto, mi saco negro casual y mi bufanda roja, los lentes de pasta negra que me recuerdan mi mortalidad; no encontre ningún cepillo de mi cuarto al último resquicio de la cocina. Entonces sale papá del baño y me da el cepillo, lo espero de no muy buena gana, porqué tenía ganas de irme sola, pero al final acepto, porqué estaba esperando la respuesta a unas cartas que le había mandado.
     
    Ya en el coche busco con pasión alguna buena canción en la radio, me desespero y le tiro la primera sentencia de la mañana, al recordar porqué me gusta vivir en el DF en vez de irnos a Hidalgo: "Allá hay una sola estación de radio, donde pasan todas las canciones de todo tipo, aquí hay una estación por cada melodía". Le arranque la primera sonrisa, pasamos y vemos por todos lados gente vestida de amarillo peje, que está parada en las esquinas, seguro que ya hicieron otra de esas organizaciones seudopolíticas como esa de TUCOM (Todos unidos contra Madrazo) o los amigos del Dr. Simi, y le recuerdo a papá el concepto de los rebaños citadinos. Un grupo de trabajadores de vialidad se reunen para ver como uno sólo de ellos corta con un acha un árbol, uno lo supervisa, otro más gordo y más sucio sostiene otra hacha, tres más se van por tamales... una señora mal acomodada dentro de un bluson muy apretado carga un gran bulto de canastas de mimbre mientrás cruza la calle.
     
    Llega la duda cuando nos acercamos al Zocalo, sobre si el viernos no habré estado soñando, porqué cuando iba caminando junto a la Catedral, un tucan voló sobre mi cabeza para posarse en un árbol, en ese momento me había parecido muy normal, pero ahora me invadio el miedo de que era posible que nunca hubiera vivido un viernes, sino que lo había soñado. Me baje del coche de nuevo frente a la Catedral, repicaron las campanas en el momento de descender para saludarme a gritos "Hola, Ruth Lobo de Estepa, bienvenida a casa", ya dasalojarona los vendedores ambulantes del costado de la iglesia, lo digo con tristeza, porque esos gritos y pregones me han acompañado en mi camino durante más de tres años, y ya era la señora de las tortas o el que vende mochilas de diez pesos; nunca compraba nada regularmente que no fueran mis cigarros ilegales e importados de bajo costo $50 pesos por 20 cigarros que nunca he sabido cómo llegan a México, en fin, ya volveran, porqué siempre vuelven mis fantasmas y los vendedores ambulantes del centro historico figuran entre estos que viven en mi vida, pero que tampoco tienen rostro.
     
    Corro a la primera tienda que veo abierta en la esquina de la calle del Palacio Nacional. "¿Me da tres cigarros sueltos?" 6 pesos. Me fume dos antes de entrar a mi museo y digo mio porqué después de vivir en él durante casi tres años lo hice mio, las pilastras de alabastro, cantera y piedra volcanica, las paredes de estuco, el escudo de armas en la portada debajo del relieve de San Ildefonso recibiendo la casulla, el olor a maderas nuevas de la silleria del generalito que guarda desde hace 3 siglos, la cafeteria mil veces reinaugurada, los ojos sumisos de la Malinche que pintó Orozco an 1926 y qué estan allí para que yo se los cuente a los visitantes, los arboles de Nisperos, el juego de las luces de los famosos arcos de medio punto del Patio de Pasantes, el muchacho de intendencia que está enamorado secretamente de mi (claro que yo lo sé, porqué los lobos olemos el miedo desde lejos), el espiritú de José Vasconcelos, el rostro inmovil de Gabino Barreda y Justo Sierra, Simon Bolivar montado en su caballo esperando otra revolución imposible y "La Creación" de Diego Rivera, espectador silencioso de mi primer amor con Lupe Marín como complice desnuda. Paso por es pasaje Zocalo-Catedral como quien pasa por la puerta de su casa, con el paso firme y la mirada en alto, dos libros bajo el brazo "El Extranjero" de Camus y "Crimenes Ejemplares" de Max Aub; me detengo enfrente del Salón de la Plástica Mexica (Museo de la Caricatura) a encenderle un cigarro a un viejillo que llevaba hora peleando con su encendedor, me agradece adelantarle su lento suicidio, me voy riendo por dentro.

    SUEÑO REAL

     
    El primer susurro detrás de mis pasos de día "Adios mamí", "adios oveja" sólo lo pienso, llegue. Apago mi cigarro por puro reflejo, me entrega mi gafete el guardía de seguridad que ya me conoce y que nunca he preguntado su nombre.... "hola Sergio", "Que hay Ruth, ¿Vienes al curso de Legorreta?", "así es", llega Zaid Carreño con su inmutable ceño de poeta triste, "Ruth", "Zaid". Nos subimos juntos por el elevador agonizante, me pregunta si me molesta que encienda un cigarro (jajajajaja), sacó mi encendedor y le confieso que llevó rato sin fumar, hasta hoy.
     
    No ha llegado ningún otro voluntario miro el reloj de mi celular de $400 pesos (desde que perdí el cuarto no me compro uno que no valga la pena volver a perder) 10:05, y me siento enfrente del escritorio de Magaly, la jefa, a escuchar la letanía sobre mi inpuntualidad del domigo pasado, la verdad me dió pena confesarle que había llegado tarde por mi grave conflicto con el espacio personal que me asalta cada vez que viajo en metro, y que tuve que llegar tarde por dar una vuelta increíble para evitar las multitudes, aunque sólo llegue 5 minutos después, me sentí ridicula dando explicaciones, la verdad la voz de mi cabeza ya estaba hablandome de otra cosa, me cantaba:
     
    "Porque a veces divago
    en el olor de tu ropa
    porque viajo despacio 
    de tu cama a tus cosas
    como buscando el paso
    que me vuelva a tu boca."
     
    "Entonces, muñeca, Qué no se vuelva a repetir, yo sé que tu eres muy responsable...", "Si Magaly, te escucho"
     
    "Corre por la calle sembrada de margaritas Ruth, las cortinas de La Muchacha en la Ventana de Dalí me hipnotizan"
     
    Salgo de allí con mi conciencia tranquila y mi mente nublada de letras. La sala de juntas se ha llenado de gente que no conozco, y me espanta no encontrar rostros familiares entre los voluntarios, ah, allí está Claudia, Martha Alzaga y su dignidad inquebrantable de señora.
     
    Tres horas sentada escuchando las palabras lejanisimas de la conferencista, y escucho todo, lo recuerdo, lo guardo, pero para otro momento, de nuevo mi mente está en otro lado con la sombra del aguila en la soledad del paramo, escuchando a Lisz mientrás leo los labios de la arquitecta. Arquitectura funcionalista por el avance tecnológico nacida de la revolución industrial, hierro de ferrocarriles, la estación Buenavista que mi abuelo evocó el fin de semana pasado, Bellas Artes y Adamo Boari, y sus malos cálculos del suelo de la ciudad de México, el edificio Postal, Santa María La Rivera, grecas... y el proyector de diapositivas gritandonos que se estaba muriendo la computadora del departamento de capacitación porqué se había tragado todas las fotos de la expositora y no le cabían ya y las empezó a vomitar. Estamos en un receso y eschucho una voz que reconozco enseguida. Volteo.
     
    "Salomon!!!", "Hola preciosa, que milagro!!! ¿Cómo has estado?, ¿Vamos a comer?, ¿Cómo ves la platica?, ¿Traes un cigarro?", y le pido al gentil amigo de cincuenta y tantos años decir eso que simpre dice: "soy un desgraciao" con su encantador acento norteño, me rió; pero en cuánto se descuida escapo a un arco apartado, a un pasillo vacio a platicar con mi libro.
     
    Después de un par de horas salgo por fin, sin despedirme de nadie. Me alcanza Salomon con un grito: "¿A donde con tanta prisa señorita?", "Voy a mi casa Salomón, es que me siento algo mal", "¿No vas a comer con nosotros?", "No". Sus ojos risueños de abuelo bueno me hacen sentir bien, pero la verdad tenía otros planes.
     
    Baje las escaleras para encontrarme con el regalo de un balcón abierto: los mil ambulantes de la calle de Argentina que ya habían invadido todo con sus formulas mágicas para las carteras inquietas de los visitantes del centro, las columnas estipites del edificio de enfrente que cada día más se hunde y más se cae, de repente caigo en cuenta que ya no hay palomas cómo antes... el viernes que me pare en el zocalo, no vi ni una (Mierda! si estaba en un sueño) y antes de que la voz de mi cabeza empiece un juego nuevo bajo a dejar mi gafete a seguridad y me alejo.
     
    Levanto otro par de murmullos, y entonces un momento de iluminación me dice que no son elogíos, sino saludos de desconocidos, que si me conocen porqué han murmurado cada vez que paso y yo cada vez contestando en mi mente "Mamacita tu abuela, mono horrible", y ya no me molesta, es más costumbre que elogío o piropo ambulante. Además de la visión acertada de que me dirigo de nuevo a mi rutina extraña.
     
    Camino por la calle de Justo Sierra , me detengo en la libreria Inframundo a comprar un libro de Carlos fuentes por 30 pesos, saludo a Jorge, el artista frustrado que atiende el local, buen amigo mio. Le regalo un cigarro, el cigarro acostumbrado. Sigo caminando, miro de reojo la calle de las novias, el camino a la plaza de Santo domingo, el escondido edificio de la logía mexicana en la calle de Palma, el olorcito de las torillas de harina me recuerda que ya tengo hambre; paso por enfrente de la Camara de Diputados, y salen varios tipos bien armados con sus trajes caros y su portafolios donde seguro solo hay articulos de periodico, reconozco el caminar finjido de un viejo amigo "Ruth, que gusto delegada, ¿Cómo ha estado?", "Hola Angel, bien gracias, ¿De nuevo a las andadas?", "Si, fijate que no nos invitaron a AMUN... a mira allá viene Carmen, venimos a ver a....  .... ¿Ya no estas en la jugada?, ¿No te ví en Bimun....?... ...", "Oye si, mira que interesante, bueno te dejó porqué llevó algo de prisa, gusto de verte Angel", "Adios delegada". De nuevo me empiezo a discursar sobre si realmente vale la pena seguir participando en concursos donde sólo conozco actores buscando tu número de telefóno, y me doy cuenta que lo unico que tienen de real los modelos de naciones unidas es qué al igual que los verdaderos delegados los alumnos, también sólo piensan en ellos cuando salen de la sala. Y me doy asco por haber dejado que me dijera delegada (al menos ya se aprendió mi nombre).
    Y llegó a mi rincón favorito justo antes de la estatua de Carlos IV, que ha sido cien veces censurada y cien veces exhibida, unas por resaltan la independencia y las segundas por recordar a Tolsa, claro que nadie lo sabe porqué cómo es costumbre la encuentro atiborrada de los de movimiento por los trabajadores de no sé qué sindicato, ya ni siquiera me indigna que traten así ese espacio, aprendí a querer a los sindicatos desde que conocí la obra de los talleres de la grafica popular y los grabados de Pablito O´higgins con lo que una vez casi lloro frente a una vitrina que contenía una litografía, ya leerá esto el chico que me acompañaba y seguro se aburrió de todas mis apasionadas explicaciones de la piedra esa. Allí yo, entre el edificio de comunicaciones, ahora el MUNAL, y enfrente el Palacio de Mineria, el Edificio de Correos, El Edificio del Banco de México; que ya los veo de nuevo con otros ojos, cómo siempre, cómo cada día que paso por aquí, con el asombro y la fascinación de un niño, quién que no sea yo Lobo Estepario, les hace justicia a sus soluciones postrevolucionarias y a las otras, las porfirianas y sus cornisas floreadas y sus techos inclinados y algunos franceses. este espacio es virtuoso para mi, en cada una de las esquinas hay una historia del arte por siempre inmortalizada en piedra, y de reojo saboreo las escaleras del MUNAL, aquellas que tantas veces he acariciado y visto hasta el colmo de la expectación. Una pareja de noviecitos pasan junto a mi indiferentes de todo, y siento un poco lastima de su ignominia, y al mismo tiempo un poco de envidia, porqué cuando sabes un poco sólo notas que hay más de lo que no sabes nada.
    Dentro de la oficina de correos me percato que estoy enviando una carta que aún no escribo a una dirección que perdí, cruzando la calle con argentinos fascinados con el Palacio de Bellas Artes, y me ladra el perrito labrado en el primer arco. Y pensar que hace apenas unos meses tenía tanto miedo de regresar por aquí, con todos esos recuerdos tristes acosandome y que ya los logre exhorsizar, de tanto enfrentarlos ya nos hicimos colegas. Pienso en las lozas blancas, mientrás vuelvo a reconocer otro rostro, y como casi ritual me le plantó enfrente "Usted, me daba clases de música" al caballero que sale del Palacio con su tranquilidad extraña. "Y usted se llamaba Ruth", "Me llamo".

    SUEÑO REAL

    Al dejarlo he visto la revelación más iluminada del día, quien puede decir que ha escuchado todos los sonidos, vistó todos los colores, y percibido todos los sabores en un sólo día, día cómo hoy. Un musico excentrico vestido muy raro toca un flauta con melodías improvisadas, las pulserillas de tela de colores, el nigromante de las serpientes que encanta a los paseantes, el monumento a Bethoven, el dibujante de caras anonimas bosquejando ojos desconocidos, los niños gritando y corriendo, los coches, el algodón de azucar rosa, las artesanias méxicanas hechas en china, una cortina de hojas que cae, el arrebato del aire frío, de pronto una canción conmemorativa de papa que a pesar de ser atea reconozco, dos ancianos discutiendo tiempos pasados, otro más leyendo un libro ya muy gastado, los policias a caballo con sus sombreros de charro, la señora de los helados, el primer beso de alguien y un encuentro por siempre esperado de dos hermanos, mi árbol preferido esperandome, y coronando las campanadas monumentales de la Catedral.
    Leí una hora. Y de repente se me antoja un helado. Y al comerlo el sabor me lleva a mi infancia, a los días que vivía tan lejos de aquí e iba con mi hermano a cazar caracoles al río, a las tardes volando papalotes, a el primer día de escuela, a mi primera pandilla y a un día en que nos escondimos en los juegos del parque a comer helados sin cuchara (se acordaran), a mi primer beso, a mi verdadero amigo, otra probada me lleva a Coyoacan y después a la Feria del Mole y la miel, a tomar fotos, a viajar en tren, al sabor que no me gusta de las palanquetas. Y ya me ha empalagado el helado... o las memorias. Lo tiro a la basura. Empieza a llover y me resguardo en el kiosko. Nadie hace caso del agua, de repente me dan ganas de platicar con el señor solitario de la banca métalica que le intenta arrebatar canciones a una guitarra imposible de afinar y muy vieja. "Me puedo sentar" y le ofrezco un cigarro. No con mucho esfuerzo hago que me relate sus días en los teatros extintos de la ciudad de Laredo y del DF, descubro divertida que el cree que el teatro Metropolitan sigue siendo un cine, y que era además de actor, el que presentaba los espectaculos, me habla en frances "Dames et messieurs avant que vous..."  , me hace reir mucho, hasta que de repende me dice "Conoce usted a ese individuo de algún lado", mientrás señala al Conejo Estepario que me mira entretenido. Me asusta la idea de que también él pueda verlo. Me despido del musico actor. Y me voy de nuevo al mundo de los libros.
     

    Y QUÉ ES LA VIDA SINO ESO.

    Cómo la daga sagaz que hiere de un atinado golpe el corazóndentro de una lucha irrelevante (para uno), lucha entre dos, la tibia sensación de la sangre empapando mi pecho, ahora es sensación única en mi ser.
    Mi propia voluntad me ha llevado a querer, y después al ser tú el sólo reflejo de mi propia satisfacción, te quise, te quise y te perdí... y me perdí. Qué es la vida sino eso... breves momentos de felicidad y más tarde dolor, que es como una eternidad. La mitad de la vida de un hombre, un hombre de verdad, la más importante.
    Cuando aún somos infantes o caminamos an nuestros albores, nuestro amanecer, vivimos de satisfacciones efimeras, de canciones, de aves, de palabras, de promesas... y nos convertimos al seguir aquella senda en el reflejo de los sueños que si se realizaron.
    Siempre una mirada melancólica delata nuestra propia si sazón, porqué al adentrarse un hombre en su naturaleza siempre se rompe el corazón, qué es la vida, sino eso... que al darnos cuenta de lo breve de nuestro tiempo nos convertimos en martires de nuestros sueños y al no ser reales, solo queda el arrepentimiento.
    Los años nos conducen por veredas que ramifican nuestro camino, pero de las cuales solo se puede caminar en una sola y todos los sentidos se simplifican y se agudizan nuestras viejas pasiones, y la mirada del hombre que ya no tiene camino y solo ha seguido un destino, nos invade. Porqué dentro de la reflexion de si mismo cada uno descubre un ineludible sendero; y que es la vida sino eso... Cuando no existe más que sentarse a mirar el sendero, ese último sendero; pero que es la vida si en el último yacer, no permanezco con el pecho tibio, la mirada melancólica, y a flor de cada microsistema del cuerpo: arrugas del reír, cicatrices del pelear y conservo ironica la apariencia de que siempre se puede más... y qué importa si al final no me puedo levantar. Qué es la vida sino eso.
     

    bailarina