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BASADO EN UNA HISTORIAL REAL
CORTAR ZARZAS PEQUEÑAS
:::INANICIÓN:::
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YA NO IMPORTA
No sé que diablos me ocurre i´m so sad, but i don´t know why o si, pero me rehuso a creer que no es cierto lo que yo creía, es cómo decir “he vivido engañada”, pero no es gracioso… ¿qué pasa cuando te creas una imagen de alguien que no coincide con la realidad? ¿cuándo te enamoras de una idea?... esto es una estupidez teniendo tantas cosas por las cuales preocuparse, las relaciones personales son una distracción para el progreso del pensamiento… ya pasó el Romanticismo, es momento de dejar de ser niños, no hay tiempo para ponerse tristes. No estoy de humor para el amor. Yo inventé el hombre del que me hubiera querido enamorar… y el aceptó.
Hay muchas formas de decirlo. PORFAVOR, NO ME MANDEN CONMISERACIÓN, ES SOLO UN INTENTO LITERARIO, NO MI AUTOBIOGRAFÍA.
SACRIFICIOS
¿?
¿En qué maldito momento me enamore de esta mujer? Lo digo lleno de rabia al saberme preso de sus embrujos, de la magia vudú de sus ojos mágicos.
Hace casi 6 meses (en realidad sé hasta el número exacto de horas) de camino a las prácticas de natación coincidí con una increíble mujer, de la cuál sigo sabiendo muy poco, y de quien también estoy profundamente enamorado. Piel blanca, 1.65 metros de altura, manos delgadas y femeninas, ojos rojos encantadores, tres lunares en posiciones estratégicas en todo el cuerpo (eso aún no lo sabia), “caída de agua solar” diría Octavio Paz de su cabello, sonrisa perpetua e indescifrable, unos muslos preciosos, unas caderas candentes, unos pechos perfectos. Todo dentro de un vestido algo infantil y algo aseñorado para su aparente edad de 17 años, digo aparente, porque en ese momento eso me pareció, pero a veces ella ha tenido más de 100. Algo de eso pude ver en aquella ocasión, otra parte me la imagine, pero lo cierto es que todo lo conocí el día de ayer, cuando por fin he aceptado con el corazón en el libro y el libro en la mano que estoy sin remedio alguno, enamorado. ¡Ah, desdichada sentencia!
Mayo 2005, día cualquiera (casi).
“Miro unos ojos que me miran y que casi instantáneamente se retiran… ” Canción de amores de pueblos abandonados.
Está historia no empieza con la típica mujer ingenua, temerosa y necesitada de seguridad. No, no, está historia empieza con una mujer, cazadora furtiva, de labios sangrantes, de historial de prostituta inmaculada, de geisha citadina encarcelada.
Cuándo yo me dirigía a mis entrenamientos un detalle inusitado me hizo detenerme violentamente. Una hermosa mujer parada en medio de un prado viendo hacía el horizonte, descalza, con el cabello suelto, tan sola. Una visión tan fantástica que la creí imaginaria. Más aún cuando el viento soplo tan fuerte que casi caigo y ella no movió ni un solo músculo, ni siquiera para acomodar su cabello o mantener en su lugar el vuelo de la falda del vestido. No sé y no sabría explicarlo, un primer cautiverio fue esa tarde, que me senté a contemplar a está mujer sin nombre y que me daba la espalda; olvidando completamente mi entrenamiento. Ella no me veía, pero me hablaba. Me hablo de la historia del mundo, me contó la formación de las cosas, me describió todos los mares y me dibujo con sus palabras el olor de las gardenias y de las begonias, hizo brillar el calor de los colores de las aves más exóticas del mundo ante mis ojos. Tenía una sabiduría celestial que me provoco sentirla más anciana, casi inmortal. Me habló de pueblos construidos en basamentos literarios, me explicó detalladamente el estado limbico comático de la falta de cuerpo. … Y yo mudo. Estupefacto ante las conclusiones transcendentales acerca de Dios que discursaba aquella dea descalza. Llegó la noche, entonces sin previo aviso se me acerco, me dijo: “Tengo que irme”. Con unos zapatitos de cenicienta en la mano, se posó enfrente y abrió los brazos. Me rendí al abrazo. Un calor juvenil ascendió a mis mejillas desde las piernas de ella. Se dio la vuelta y se fue. Si, una mujer parada en un prado (descalza), de espaldas a mí que me platica la historia del mundo mientras la miro encantado. Me abraza y sin más preámbulo, se va. Así fue.
Ya después ella recordaría ese momento convencida de que ocurrió en el último piso del edificio más alto del viejo centro de la ciudad, de tal suerte que me haría dudar de mi versión sino fuera porqué revisando la agenda confirme el horario de mis prácticas de natación.
Y es a ella, a ella. A la que no tiene nombre, a Cinthya, a Rosa, a Liliana, a Carolina, a Isabel, a Daniela, a Fernanda, a Margarita. A la que diario se inventa. A la que amo sin saberme amado. Mujer que desapareció hoy mientras yo dormía. Y hasta puedo verla acariciando mi cabello, y la puedo ver agachada para besarme la mano, y salir hermosa vestida de flores de mi cuarto. A la que me tomo de la mano para bailar los valses tristes de Pietro Crespi, mientras me decía como son los hoteles en Buenos Aires al oído.
La espere cada día a la misma hora en el mismo prado, para conversar sin vernos a los ojos. Y ella me recitaba completas las obras de Lewis Carroll, y yo le contestaba con las de los hermanos Grimm, y como dos niños reímos juntos entre los versos:
“Niña de pura y despejada frente en cuyos ojos brilla el asombro de un sueño: aunque el tiempo pase raudo y quiera que media vida me separe de la tuya tu tierna sonrisa acogerá con gozo el regalo, lleno de amor, de un cuento.
No he visto tu cara radiante de luz ni he oído la caricia de tu risa de plata; la memoria de tu joven vida no guardará luego de mí recuerdo alguno... ¡Básteme ahora que quieras escuchar el cuento que te voy a contar!
(…)”
Y las tardes volaban, yo sin entrenar, ella sin darme la cara. Estoy sentado encima de la torre del campanario de la catedral, esperando a mi novia fugitiva, y la noche me cae en los hombros como un triste abrigo. Ya no me apena en lo absoluto que la luna me mire llorar.
No me agrada alardear del dolor, pero es inevitable. El sólo recuerdo de su pálido cuerpo sudando junto al mío, las manos unidas como dos serpientes luchando, su cabello resbalando sobre mi pecho desnudo, como un río castaño, un río de hojas otoñales. Y quiero gritarlo, y me levanto, vacilante en está cúpula y creo que voy a enloquecer de fiebre.
Pasaron un par de meses antes de que por fin decidiera levantarme, o más bien, de que mis piernas pudieran tener la fuerza para eso. Porqué entre sus palabras mi cuerpo se congelaba de emoción, y sólo el fuerte palpitar de mi corazón me hacía afirmar que aún estaba vivo. Y es que he olvidado todo acto humano desde aquel día: comer, beber, dormir… ¡Prisionero de un amor que devora!
Y si tal sólo pudiera comprobar que ella… que ella es real. Si cuándo… si… No, no puedo continuar.
(…)
Ha comenzado a llover. Igual que en la ocasión que desesperado por aquel vestido que mojado mostraba aquel cuerpo, me decidí, camine y de una vez por todas y sintiéndome culpable y liberado, la bese ¡Ay Dios, qué si la bese! Comí del fruto maduro de sus labios, cocinado por las brasas de sus sabias cátedras. Y ella me correspondió y reía, divertida, bebimos del agua de lluvia de nuestros rostros.
- ¿Porqué tardó usted tanto?- Me dijo sonriente. - Tenía que estar seguro de no estar soñando, tal vez al despertar desearía volver a cerrar los ojos.- - Ciérrelos.-
Tuve miedo, de que al abrirlos desapareciera. Pero obedecí en silencio, temblando, quizá por el frío. Un frío terrible, y de nuevo sentí sus labios y de nuevo sentí el calor juvenil de sus piernas, de su dorso, de sus manos y hasta de sus ojos que aunque no los veía, los sentía mirando, y ya no hubo frío, y mi corazón fue todo verano. Hoy sólo soy invierno.
Me sentí de nuevo cómo aquel chiquillo que recibía su primer beso, ilusionado. Y ayer toda esa ilusión se desvaneció. Llegue a casa más temprano de lo normal y comenzó a inquietarme el olor de un perfume conocido, que tanto tiempo atrás yo descubrí entre nuestras sesiones en aquella estepa donde ella me hablaba descalza y donde junto con sus palabras volaban también hasta mi las flores del perfume de su piel. Me asomé a todas las ventanas, corrí a todas las puertas, hacía un tiempo que no la veía y de todas aquellas citas un solo beso me había regalado, único y cruel. Por supuesto que pasamos también muchas tardes juntos, caminábamos entre abetos, desayunábamos en las plazitas, correteábamos palomas, pero sobre todo nos leíamos el uno al otro; no siendo yo el narrador más emotivo; pero uno solo fue el beso antes de ayer.
Triste y asustado por mi propia necedad de encontrarla cerca me fui a mi cuarto. Allí estaba, desnuda, tan blanca que su piel destellaba a pesar de la insuficiente iluminación de mi recámara. La risa divertida que dejó escapar me salvo de pensar que eran mis ganas de verla y no ella la que estaban presentes, me tomó de la mano derecha y me acercó hacía ella.
… LO ENCONTRE
2da PARTE"Si puedes vivir sin escribir, no escribas"; gracias Conejo, por hacerme recordar las palabras de EL MAESTRO, hito a la palabra hecha alimento. Hace algunas semanas publique la primera parte de un cuento, un adelanto de un primer cápitulo, bueno, pues esto es la continuación, aunque no es presisamente todo lo que corresponde al primer cápitulo, puesto a que es mucho para un solo post. Ojalá les agrade, y si no pues ¿Qué le vamos a hacer?
Y para los lectores: les recuerdo visitar el teatro mágico para participar en los concursos.
Si quieres leer antes la primera parte de este debraye de media noche, haz clic aquí.
_____________________________ SEGUNDA PARTE
Estoy sentado encima de la torre del campanario de la catedral, esperando a mi novia fugitiva, y la noche me cae en los hombros como un triste abrigo. Ya no me apena en lo absoluto que la luna me mire llorar. No me agrada alardear del dolor, pero es inevitable. El sólo recuerdo de su pálido cuerpo sudando junto al mío, las manos unidas como dos serpientes luchando, su cabello resbalando sobre mi pecho desnudo, como un río castaño, un río de hojas otoñales. Y quiero gritarlo, y me levanto, vacilante en está cúpula y creo que voy a enloquecer de fiebre.
Pasaron un par de meses antes de que por fin decidiera levantarme, o más bien, de que mis piernas pudieran tener la fuerza para eso. Porqué entre sus palabras mis cuerpo se congelaba de emoción, y sólo el fuerte palpitar de mi corazón me hacía afirmar que aún estaba vivo. Y es que he olvidado todo acto humano desde aquel día: comer, beber, dormir… ¡Prisionero de un amor que devora!
Y si tal sólo pudiera comprobar que ella… que ella es real. Si cuándo… si… No, no puedo continuar.
(…)
Ha comenzado a llover. Igual que en la ocasión que desesperado por aquel vestido que mojado mostraba aquel cuerpo, me decidí, camine y de una vez por todas y sintiéndome culpable y liberado, la bese ¡Ay Dios, qué si la bese! Comí del fruto maduro de sus labios, cocinado por las brasas de sus sabias cátedras. Y ella me correspondió y reía, divertida, bebimos del agua de lluvia de nuestros rostros.
- ¿Porqué tardó usted tanto?- Me dijo sonriente. - Tenía que estar seguro de no estar soñando, tal vez al despertar desearía volver a cerrar los ojos.- - Ciérrelos.-
Tuve miedo, de que al abrirlos desapareciera. Pero obedecí en silencio, temblando, quizá por el frío. Un frío terrible, y de nuevo sentí sus labios y de nuevo sentí el calor juvenil de sus piernas, de su dorso, de sus manos y hasta de sus ojos que aunque no los veía, los sentía mirando, y ya no hubo frío, y mi corazón fue todo verano. Hoy sólo soy invierno.
RECOMIENDO
SE ACABA... AMIGOQuerido Amigo te escribo…
Para que tengas una razón más para no darte por vencido.
Complice, de mirada comprensiva. Porqué cuando camino por lugares desconocidos no temo, al ver un camino trazado con tus pasos junto al mio. Había dicho: “sitesis temporal”. Síntesis temporal, porqué la fuerza que me das rompe lo largo de los años. _______________________________________________ La casa de todos a donde fui
y a la que nunca fui invitado
la gente pasando sin verme
nadie me habla
la boca cerrada.
la puerta cerrada, los cambios de tiempo
los segundos tranquilos pasando
el tiempo tranquilo
pero yo con la angustia,
aferrado al brazo del amigo a mi lado
la mano comprensiva en mi mano,
la pieza faltante. Angustia.
Se acaba.
Se acaba mi miedo mirando el reflejo pacifico
en unos ojos cristalinos y nítidos
que me sufre. Qué lloran
por no reflejarme llorando.
Se acaba...
la busqueda jamás comenzada
que empieza su fin en la mano,
la mano que toma la mía.
¡Ah! dichosa la casa de todos,
donde nadie me habla,
porqué los ecos de las palabras amigas
impiden que escuche otras voces.
Amigo de mi alma.
Sinceras palabras de aliento.
Sincera la mirada en silencio.
Sinceras las horas pasadas contigo.
Se acaba la angustia, con tu mano en la mía.
Amigo.
____________________________________
Este es el poema (risitas) con el que voy a participar en el concurso de "Días de Sol y Lluvia", espero les agrade, porqué lo he escrito de un solo golpe de inspiración, no es muy bueno. No todo es pasión y cosillas perversas, ni el empalagozo amor de los adolecentes (ya superenlo); no es de sentimiento triste, sino de contemplación. En realidad es un poco más descriptivo, de cuándo estamos al borde de un abismo a punto de saltar y llega alguien a salvarnos. Ya, al grano. Dedicado a mi mejor amigo.
_______________________________________________________
Only 4u
Pues si, me puse algo triste, y si, sí me sentí mal. Creo que era bastante obvio como para preguntar. Vaya, ¿Tu sabes por qué me duele?, pues por que te quiero. Chale, no son las palabras más delicadas las que yo hago, ni mis "autodialogos" los más inteligentes, ni muchos de mis chistes, y mi poesía es bastante mala (chale con la ortografía, además;por no mencionar defectos más graves de mi imperfectisima persona); la verdad mi ideal no es escribir bien, tu conoces cuál si lo es, ni tampoco tener un chingo de comentarios o de visitas (mmmta, eso es lo que menos me interesa), total que nadie entiende 100% de estas divagaciones lisérgicas, y tampoco lo deseo (entonces sería común y bastante predecible). No soy una persona cursi, me da vomito la "melosidad" y las palabritas rebuscadas, y los textos que se alucinan con trivialidades trilladas (los astros, el mar, el arcoiris, los ojos, el corazón, el cielo, la lluvia, la noche entre otras licencias literarias mal explotadas) y los intentos baratos de "un escrito profundo", nooooooo (son mam*****), no soy una persona cursi o intento no ser rídicula con lo que escribo, la intención va más allá (la intención, quizá no el resultado). Bueno, ¿Qué más da una explicación? Las letras son para que entre líneas sepas lo que te quiero decir y no te puedo decir con una fracesilla que siempre termina con un chistoso "pero yo más y te calllas", perdoname, tal vez no soy una prodigio para estas cosas, solo hago lo que siento, y a ti te siento bien adentro de mi. Y no me pidas perdón, perdoname a mi. (Debí haberlo escrito con anagrámas, pero ya es tarde, y tenemos ensayos que hacer para mañana, por eso, puedes borrarlo, si quieres) 1ra PARTEESTIMADOS LECTORES Y AMIGOS, ESTÁ ES LA PRIMERA PARTE DE UN CUENTO, AÚN SIN TITULO (SUGERENCIAS), EN REALIDAD NO PUBLICO EL TEXTO COMPLETO DE ESTE "CÁPITULO" YA QUE ES MUY LARGO COMO PARA QUÉ LO LEAN CON ANIMOS, ESPERO LES AGRADE. YA ARREGLE EL PROBLEMA DE LA CENSURA (MMTA), ASÍ QUE LA PROXIMA SEMANA PUBLICARÉ LA CONVOCATORIA A DOS CONCURSOS MÁS: FOTOGRAFÍA Y HUMOR (Concurso sobre fotografías graciosas) ESCRIBE TUS SUEÑOS Y PESADILLAS (Concurso de literatura, para escribir algo que soñaron) ___________________________________________
En qué maldito momento me enamore de esta mujer? Lo digo lleno de rabia al saberme preso de sus embrujos, de la magia vudú de sus ojos mágicos.
Hace casi 6 meses (en realidad se hasta el número exacto de horas) de camino a las prácticas de natación coincidí con una increíble mujer, de la cuál sigo sabiendo muy poco, y de quien también estoy profundamente enamorado. Piel blanca, 1.65 metros de altura, manos delgadas y femeninas, ojos rojos encantadores, tres lunares en posiciones estratégicas en todo el cuerpo (eso aún no lo sabia), “caída de agua solar” diría Octavio Paz de su cabello, sonrisa perpetua e indescifrable, unos muslos preciosos, unas caderas candentes, unos pechos perfectos. Todo dentro de un vestido algo infantil y algo aseñorado para su aparente edad de 17 años, digo aparente, porque en ese momento eso me pareció, pero a veces ella ha tenido más de 100. Algo de eso pude ver en aquella ocasión, otra parte me la imagine, pero lo cierto es que todo lo conocí el día de ayer, cuando por fin he aceptado con el corazón en el libro y el libro en la mano que estoy sin remedio alguno, enamorado. ¡Ah, desdichada sentencia!
Mayo 2005, día cualquiera (casi).
“Miro unos ojos que me miran y que casi instantáneamente se retiran… ” Canción de amores de pueblos abandonados.
Está historia no empieza con la típica mujer ingenua, temerosa y necesitada de seguridad. No, no, está historia empieza con una mujer, cazadora furtiva, de labios sangrantes, de historial de prostituta inmaculada, de geisha citadina encarcelada.
Cuándo yo me dirigía a mis entrenamientos un detalle inusitado me hizo detenerme violentamente. Una hermosa mujer parada en medio de un prado viendo hacía el horizonte, descalza, con el cabello suelto, tan sola. Una visión tan fantástica que la creí imaginaria. Más aún cuando el viento soplo tan fuerte que casi caigo y ella no movió ni un solo músculo, ni siquiera para acomodar su cabello o mantener en su lugar el vuelo de la falda del vestido. No sé y no sabría explicarlo, un primer cautiverio fue esa tarde, que me senté a contemplar a está mujer sin nombre y que me daba la espalda; olvidando completamente mi entrenamiento. Ella no me veía, pero me hablaba. Me hablo de la historia del mundo, me contó la formación de las cosas, me describió todos los mares y me dibujo con sus palabras el olor de las gardenias y de las begonias, hizo brillar el calor de los colores de las aves más exóticas del mundo ante mis ojos. Tenía una sabiduría celestial que me provoco sentirla más anciana, casi inmortal. Me habló de pueblos construidos en basamentos literarios, me explicó detalladamente el estado limbico comático de la falta de cuerpo. … Y yo mudo. Estupefacto ante las conclusiones transcendentales acerca de Dios que discursaba aquella dea descalza. Llegó la noche, entonces sin previo aviso se me acerco, me dijo: “Tengo que irme”. Con unos zapatitos de cenicienta en la mano, se posó enfrente y abrió los brazos. Me rendí al abrazo. Un calor juvenil ascendió a mis mejillas desde las piernas de ella. Se dio la vuelta y se fue. Si, una mujer parada en un prado (descalza), de espaldas a mí que me platica la historia del mundo mientras la miro encantado. Me abraza y sin más preámbulo, se va. Así fue.
Ya después ella recordaría ese momento convencida de que ocurrió en el último piso del edificio más alto del viejo centro de la ciudad, de tal suerte que me haría dudar de mi versión sino fuera porqué revisando la agenda confirme el horario de mis prácticas de natación.
Y es a ella, a ella. A la que no tiene nombre, a Cinthya, a Rosa, a Liliana, a Carolina, a Isabel, a Daniela, a Fernanda, a Margarita. A la que diario se inventa. A la que amo sin saberme amado. Mujer que desapareció hoy mientras yo dormía. Y hasta puedo verla acariciando mi cabello, y la puedo ver agachada para besarme la mano, y salir hermosa vestida de flores de mi cuarto. A la que me tomo de la mano para bailar los valses tristes de Pietro Crespi, mientras me decía como son los hoteles en Buenos Aires al oído.
La espere cada día a la misma hora en el mismo prado, para conversar sin vernos a los ojos. Y ella me recitaba completas las obras de Lewis Carroll, y yo le contestaba con las de los hermanos Grimm, y como dos niños reimos juntos entre los versos:
“Niña de pura y despejada frente en cuyos ojos brilla el asombro de un sueño: aunque el tiempo pase raudo y quiera que media vida me separe de la tuya tu tierna sonrisa acogerá con gozo el regalo, lleno de amor, de un cuento. No he visto tu cara radiante de luz ni he oído la caricia de tu risa de plata; la memoria de tu joven vida no guardará luego de mí recuerdo alguno... ¡Básteme ahora que quieras escuchar el cuento que te voy a contar! (…)”
Y las tardes volaban, yo sin entrenar, ella sin darme la cara.
RETORETO
A TU TOLERANCIA.
Lo siento, estaba muy enojada.
Perdón estimados lectores, está sentencia no va para todos, solo para uno (más bien dos) que han incomprendido las letras de este espacio y han coartado su libertad de expresion, han censurado su contenido, han violado la solemnidad y tranquilidad y han satanizado a su autora por la cobardia del rebaño al que pertenecen. ¡Estirpe cobarde! Qué le tiene miedo a sentir y a gritar y a dejar de ser un simple burgues conformista de sueños mortales y valores morales indefinidos. Aborrezco tu simpleza y tu falta de sentimientos y espiritualidad. A veces ciego y viejo se sabe algo de la vida, no es el caso. (Perdón al resto de los lectores, tal vez ya no vuelva a escribir después de esto, ya que quieren censurar este blog)
___________________
Ahora si, para todos. Los reto a interpretar de manera crítica, objetiva, el siguiente texto, a mostrar su capacidad de sintesis ante una expresión artística y pura.
Espero de muy buena fe que haya quien sea capáz de entenderlo, aún sin un contexto real al alcance de este medio.
Pues si me falta mucho de tranquilidad cuando alguien quiere coartar mi libertad, ya no solo de expresarme a mi gusto con las palabras, sino a sentirlas. Pero lo del texto es aparte. El mensaje de arriba no es para todos, ok? Solo les pido que porfavor dejen una interpretación o crítica de el escrito en letras rojas.
Todo ideal es una utopia, hasta que te conviertes en un idealista, un genio o un revolucionario.
REALHace mucho que quería publicar esto, lo tenía guardado en un borrador, porqué tengo un serio problema con eso de cuidar mi espacio personal y la intimidad, pero también aquí no importa, porque para ustedes yo no existo más allá del monitor, soy un ente virtual que sólo vive aquí, afuera tampoco existen ustedes para mi excepto algún habitante de Macondo, ya se lo había explicado a Enric. En fin, esto no lo van a poder entender muchos, algunos porqué no viven en México, otros porque viven en un mundo muy común y no le hacen justicia a lo real.
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Cierro la puerta blanca atrás de mi, y luego el silencio. Se fueron los lobos.
Abro los ojos, y veo mi caballete con la pintura sin terminar enfrentandome, allí paradita gritandome: ¡Acabame, artísta mediocre! ¿Cuándo voy a estar colgada en la pared y voy a abandonar el caballete?; ya volví a despertar.
Me doy cuenta que me volvi a dormir con la ropa puesta, hasta con los zapatos puestos. El celular vibra en el bosillo derecho 7:13 am.
Me salgo de las sabanas de barquitos que naufragan color amarillo y azul, busco mis lentes en el piso, y al sacar la mano el frío me hace retroceder con ganas de volver a mi pesadilla recurrente que nació cuando tenía 8 años, y que a pesar de ser pesadilla ya se me hizó familiar y acogedora. Cierro los ojos, pero no puedo volver a dormir, ya se despabilo la voz de mi cabeza y me empieza a recordar que hoy voy a ir a San Ildefonso a un curso de arquitectura y que me tengo que bañar y poner algo decente, luego una nueva oleada de pensamientos ya más sin sentido que los primeros que me empezaron a contar sobre claveles de cuentos que había leído y de las canciones de Joaquin Sabines que me desvelaron ayer " tenían razón... mis amantes en eso de que antes el malo era yo, con una excepcion..."; basta. Me levanto de golpe, abro la puerta ventana de mi habitación, camino por la terraza de piso blanco y paredes amarillo pollo de mi atrio personal, bajo por las escaleras de fantasia de menos de un metro de angosto y más de cuatro de alto y todavía algo metida en la pesadilla de los lobos me bañé.
Me puse un pantalón azul oscuro de marca conocida, zapatos negros de vestir, una blusa roja de cuello alto, mi saco negro casual y mi bufanda roja, los lentes de pasta negra que me recuerdan mi mortalidad; no encontre ningún cepillo de mi cuarto al último resquicio de la cocina. Entonces sale papá del baño y me da el cepillo, lo espero de no muy buena gana, porqué tenía ganas de irme sola, pero al final acepto, porqué estaba esperando la respuesta a unas cartas que le había mandado.
Ya en el coche busco con pasión alguna buena canción en la radio, me desespero y le tiro la primera sentencia de la mañana, al recordar porqué me gusta vivir en el DF en vez de irnos a Hidalgo: "Allá hay una sola estación de radio, donde pasan todas las canciones de todo tipo, aquí hay una estación por cada melodía". Le arranque la primera sonrisa, pasamos y vemos por todos lados gente vestida de amarillo peje, que está parada en las esquinas, seguro que ya hicieron otra de esas organizaciones seudopolíticas como esa de TUCOM (Todos unidos contra Madrazo) o los amigos del Dr. Simi, y le recuerdo a papá el concepto de los rebaños citadinos. Un grupo de trabajadores de vialidad se reunen para ver como uno sólo de ellos corta con un acha un árbol, uno lo supervisa, otro más gordo y más sucio sostiene otra hacha, tres más se van por tamales... una señora mal acomodada dentro de un bluson muy apretado carga un gran bulto de canastas de mimbre mientrás cruza la calle.
Llega la duda cuando nos acercamos al Zocalo, sobre si el viernos no habré estado soñando, porqué cuando iba caminando junto a la Catedral, un tucan voló sobre mi cabeza para posarse en un árbol, en ese momento me había parecido muy normal, pero ahora me invadio el miedo de que era posible que nunca hubiera vivido un viernes, sino que lo había soñado. Me baje del coche de nuevo frente a la Catedral, repicaron las campanas en el momento de descender para saludarme a gritos "Hola, Ruth Lobo de Estepa, bienvenida a casa", ya dasalojarona los vendedores ambulantes del costado de la iglesia, lo digo con tristeza, porque esos gritos y pregones me han acompañado en mi camino durante más de tres años, y ya era la señora de las tortas o el que vende mochilas de diez pesos; nunca compraba nada regularmente que no fueran mis cigarros ilegales e importados de bajo costo $50 pesos por 20 cigarros que nunca he sabido cómo llegan a México, en fin, ya volveran, porqué siempre vuelven mis fantasmas y los vendedores ambulantes del centro historico figuran entre estos que viven en mi vida, pero que tampoco tienen rostro.
Corro a la primera tienda que veo abierta en la esquina de la calle del Palacio Nacional. "¿Me da tres cigarros sueltos?" 6 pesos. Me fume dos antes de entrar a mi museo y digo mio porqué después de vivir en él durante casi tres años lo hice mio, las pilastras de alabastro, cantera y piedra volcanica, las paredes de estuco, el escudo de armas en la portada debajo del relieve de San Ildefonso recibiendo la casulla, el olor a maderas nuevas de la silleria del generalito que guarda desde hace 3 siglos, la cafeteria mil veces reinaugurada, los ojos sumisos de la Malinche que pintó Orozco an 1926 y qué estan allí para que yo se los cuente a los visitantes, los arboles de Nisperos, el juego de las luces de los famosos arcos de medio punto del Patio de Pasantes, el muchacho de intendencia que está enamorado secretamente de mi (claro que yo lo sé, porqué los lobos olemos el miedo desde lejos), el espiritú de José Vasconcelos, el rostro inmovil de Gabino Barreda y Justo Sierra, Simon Bolivar montado en su caballo esperando otra revolución imposible y "La Creación" de Diego Rivera, espectador silencioso de mi primer amor con Lupe Marín como complice desnuda. Paso por es pasaje Zocalo-Catedral como quien pasa por la puerta de su casa, con el paso firme y la mirada en alto, dos libros bajo el brazo "El Extranjero" de Camus y "Crimenes Ejemplares" de Max Aub; me detengo enfrente del Salón de la Plástica Mexica (Museo de la Caricatura) a encenderle un cigarro a un viejillo que llevaba hora peleando con su encendedor, me agradece adelantarle su lento suicidio, me voy riendo por dentro.
El primer susurro detrás de mis pasos de día "Adios mamí", "adios oveja" sólo lo pienso, llegue. Apago mi cigarro por puro reflejo, me entrega mi gafete el guardía de seguridad que ya me conoce y que nunca he preguntado su nombre.... "hola Sergio", "Que hay Ruth, ¿Vienes al curso de Legorreta?", "así es", llega Zaid Carreño con su inmutable ceño de poeta triste, "Ruth", "Zaid". Nos subimos juntos por el elevador agonizante, me pregunta si me molesta que encienda un cigarro (jajajajaja), sacó mi encendedor y le confieso que llevó rato sin fumar, hasta hoy.
No ha llegado ningún otro voluntario miro el reloj de mi celular de $400 pesos (desde que perdí el cuarto no me compro uno que no valga la pena volver a perder) 10:05, y me siento enfrente del escritorio de Magaly, la jefa, a escuchar la letanía sobre mi inpuntualidad del domigo pasado, la verdad me dió pena confesarle que había llegado tarde por mi grave conflicto con el espacio personal que me asalta cada vez que viajo en metro, y que tuve que llegar tarde por dar una vuelta increíble para evitar las multitudes, aunque sólo llegue 5 minutos después, me sentí ridicula dando explicaciones, la verdad la voz de mi cabeza ya estaba hablandome de otra cosa, me cantaba:
"Porque a veces divago
en el olor de tu ropa porque viajo despacio de tu cama a tus cosas como buscando el paso que me vuelva a tu boca." "Entonces, muñeca, Qué no se vuelva a repetir, yo sé que tu eres muy responsable...", "Si Magaly, te escucho"
"Corre por la calle sembrada de margaritas Ruth, las cortinas de La Muchacha en la Ventana de Dalí me hipnotizan"
Salgo de allí con mi conciencia tranquila y mi mente nublada de letras. La sala de juntas se ha llenado de gente que no conozco, y me espanta no encontrar rostros familiares entre los voluntarios, ah, allí está Claudia, Martha Alzaga y su dignidad inquebrantable de señora.
Tres horas sentada escuchando las palabras lejanisimas de la conferencista, y escucho todo, lo recuerdo, lo guardo, pero para otro momento, de nuevo mi mente está en otro lado con la sombra del aguila en la soledad del paramo, escuchando a Lisz mientrás leo los labios de la arquitecta. Arquitectura funcionalista por el avance tecnológico nacida de la revolución industrial, hierro de ferrocarriles, la estación Buenavista que mi abuelo evocó el fin de semana pasado, Bellas Artes y Adamo Boari, y sus malos cálculos del suelo de la ciudad de México, el edificio Postal, Santa María La Rivera, grecas... y el proyector de diapositivas gritandonos que se estaba muriendo la computadora del departamento de capacitación porqué se había tragado todas las fotos de la expositora y no le cabían ya y las empezó a vomitar. Estamos en un receso y eschucho una voz que reconozco enseguida. Volteo.
"Salomon!!!", "Hola preciosa, que milagro!!! ¿Cómo has estado?, ¿Vamos a comer?, ¿Cómo ves la platica?, ¿Traes un cigarro?", y le pido al gentil amigo de cincuenta y tantos años decir eso que simpre dice: "soy un desgraciao" con su encantador acento norteño, me rió; pero en cuánto se descuida escapo a un arco apartado, a un pasillo vacio a platicar con mi libro.
Después de un par de horas salgo por fin, sin despedirme de nadie. Me alcanza Salomon con un grito: "¿A donde con tanta prisa señorita?", "Voy a mi casa Salomón, es que me siento algo mal", "¿No vas a comer con nosotros?", "No". Sus ojos risueños de abuelo bueno me hacen sentir bien, pero la verdad tenía otros planes.
Baje las escaleras para encontrarme con el regalo de un balcón abierto: los mil ambulantes de la calle de Argentina que ya habían invadido todo con sus formulas mágicas para las carteras inquietas de los visitantes del centro, las columnas estipites del edificio de enfrente que cada día más se hunde y más se cae, de repente caigo en cuenta que ya no hay palomas cómo antes... el viernes que me pare en el zocalo, no vi ni una (Mierda! si estaba en un sueño) y antes de que la voz de mi cabeza empiece un juego nuevo bajo a dejar mi gafete a seguridad y me alejo.
Levanto otro par de murmullos, y entonces un momento de iluminación me dice que no son elogíos, sino saludos de desconocidos, que si me conocen porqué han murmurado cada vez que paso y yo cada vez contestando en mi mente "Mamacita tu abuela, mono horrible", y ya no me molesta, es más costumbre que elogío o piropo ambulante. Además de la visión acertada de que me dirigo de nuevo a mi rutina extraña.
Camino por la calle de Justo Sierra , me detengo en la libreria Inframundo a comprar un libro de Carlos fuentes por 30 pesos, saludo a Jorge, el artista frustrado que atiende el local, buen amigo mio. Le regalo un cigarro, el cigarro acostumbrado. Sigo caminando, miro de reojo la calle de las novias, el camino a la plaza de Santo domingo, el escondido edificio de la logía mexicana en la calle de Palma, el olorcito de las torillas de harina me recuerda que ya tengo hambre; paso por enfrente de la Camara de Diputados, y salen varios tipos bien armados con sus trajes caros y su portafolios donde seguro solo hay articulos de periodico, reconozco el caminar finjido de un viejo amigo "Ruth, que gusto delegada, ¿Cómo ha estado?", "Hola Angel, bien gracias, ¿De nuevo a las andadas?", "Si, fijate que no nos invitaron a AMUN... a mira allá viene Carmen, venimos a ver a.... .... ¿Ya no estas en la jugada?, ¿No te ví en Bimun....?... ...", "Oye si, mira que interesante, bueno te dejó porqué llevó algo de prisa, gusto de verte Angel", "Adios delegada". De nuevo me empiezo a discursar sobre si realmente vale la pena seguir participando en concursos donde sólo conozco actores buscando tu número de telefóno, y me doy cuenta que lo unico que tienen de real los modelos de naciones unidas es qué al igual que los verdaderos delegados los alumnos, también sólo piensan en ellos cuando salen de la sala. Y me doy asco por haber dejado que me dijera delegada (al menos ya se aprendió mi nombre).
Y llegó a mi rincón favorito justo antes de la estatua de Carlos IV, que ha sido cien veces censurada y cien veces exhibida, unas por resaltan la independencia y las segundas por recordar a Tolsa, claro que nadie lo sabe porqué cómo es costumbre la encuentro atiborrada de los de movimiento por los trabajadores de no sé qué sindicato, ya ni siquiera me indigna que traten así ese espacio, aprendí a querer a los sindicatos desde que conocí la obra de los talleres de la grafica popular y los grabados de Pablito O´higgins con lo que una vez casi lloro frente a una vitrina que contenía una litografía, ya leerá esto el chico que me acompañaba y seguro se aburrió de todas mis apasionadas explicaciones de la piedra esa. Allí yo, entre el edificio de comunicaciones, ahora el MUNAL, y enfrente el Palacio de Mineria, el Edificio de Correos, El Edificio del Banco de México; que ya los veo de nuevo con otros ojos, cómo siempre, cómo cada día que paso por aquí, con el asombro y la fascinación de un niño, quién que no sea yo Lobo Estepario, les hace justicia a sus soluciones postrevolucionarias y a las otras, las porfirianas y sus cornisas floreadas y sus techos inclinados y algunos franceses. este espacio es virtuoso para mi, en cada una de las esquinas hay una historia del arte por siempre inmortalizada en piedra, y de reojo saboreo las escaleras del MUNAL, aquellas que tantas veces he acariciado y visto hasta el colmo de la expectación. Una pareja de noviecitos pasan junto a mi indiferentes de todo, y siento un poco lastima de su ignominia, y al mismo tiempo un poco de envidia, porqué cuando sabes un poco sólo notas que hay más de lo que no sabes nada.
Dentro de la oficina de correos me percato que estoy enviando una carta que aún no escribo a una dirección que perdí, cruzando la calle con argentinos fascinados con el Palacio de Bellas Artes, y me ladra el perrito labrado en el primer arco. Y pensar que hace apenas unos meses tenía tanto miedo de regresar por aquí, con todos esos recuerdos tristes acosandome y que ya los logre exhorsizar, de tanto enfrentarlos ya nos hicimos colegas. Pienso en las lozas blancas, mientrás vuelvo a reconocer otro rostro, y como casi ritual me le plantó enfrente "Usted, me daba clases de música" al caballero que sale del Palacio con su tranquilidad extraña. "Y usted se llamaba Ruth", "Me llamo".
Al dejarlo he visto la revelación más iluminada del día, quien puede decir que ha escuchado todos los sonidos, vistó todos los colores, y percibido todos los sabores en un sólo día, día cómo hoy. Un musico excentrico vestido muy raro toca un flauta con melodías improvisadas, las pulserillas de tela de colores, el nigromante de las serpientes que encanta a los paseantes, el monumento a Bethoven, el dibujante de caras anonimas bosquejando ojos desconocidos, los niños gritando y corriendo, los coches, el algodón de azucar rosa, las artesanias méxicanas hechas en china, una cortina de hojas que cae, el arrebato del aire frío, de pronto una canción conmemorativa de papa que a pesar de ser atea reconozco, dos ancianos discutiendo tiempos pasados, otro más leyendo un libro ya muy gastado, los policias a caballo con sus sombreros de charro, la señora de los helados, el primer beso de alguien y un encuentro por siempre esperado de dos hermanos, mi árbol preferido esperandome, y coronando las campanadas monumentales de la Catedral.
Leí una hora. Y de repente se me antoja un helado. Y al comerlo el sabor me lleva a mi infancia, a los días que vivía tan lejos de aquí e iba con mi hermano a cazar caracoles al río, a las tardes volando papalotes, a el primer día de escuela, a mi primera pandilla y a un día en que nos escondimos en los juegos del parque a comer helados sin cuchara (se acordaran), a mi primer beso, a mi verdadero amigo, otra probada me lleva a Coyoacan y después a la Feria del Mole y la miel, a tomar fotos, a viajar en tren, al sabor que no me gusta de las palanquetas. Y ya me ha empalagado el helado... o las memorias. Lo tiro a la basura. Empieza a llover y me resguardo en el kiosko. Nadie hace caso del agua, de repente me dan ganas de platicar con el señor solitario de la banca métalica que le intenta arrebatar canciones a una guitarra imposible de afinar y muy vieja. "Me puedo sentar" y le ofrezco un cigarro. No con mucho esfuerzo hago que me relate sus días en los teatros extintos de la ciudad de Laredo y del DF, descubro divertida que el cree que el teatro Metropolitan sigue siendo un cine, y que era además de actor, el que presentaba los espectaculos, me habla en frances "Dames et messieurs avant que vous..." , me hace reir mucho, hasta que de repende me dice "Conoce usted a ese individuo de algún lado", mientrás señala al Conejo Estepario que me mira entretenido. Me asusta la idea de que también él pueda verlo. Me despido del musico actor. Y me voy de nuevo al mundo de los libros.
Y QUÉ ES LA VIDA SINO ESO.Cómo la daga sagaz que hiere de un atinado golpe el corazóndentro de una lucha irrelevante (para uno), lucha entre dos, la tibia sensación de la sangre empapando mi pecho, ahora es sensación única en mi ser.
Mi propia voluntad me ha llevado a querer, y después al ser tú el sólo reflejo de mi propia satisfacción, te quise, te quise y te perdí... y me perdí. Qué es la vida sino eso... breves momentos de felicidad y más tarde dolor, que es como una eternidad. La mitad de la vida de un hombre, un hombre de verdad, la más importante.
Cuando aún somos infantes o caminamos an nuestros albores, nuestro amanecer, vivimos de satisfacciones efimeras, de canciones, de aves, de palabras, de promesas... y nos convertimos al seguir aquella senda en el reflejo de los sueños que si se realizaron.
Siempre una mirada melancólica delata nuestra propia si sazón, porqué al adentrarse un hombre en su naturaleza siempre se rompe el corazón, qué es la vida, sino eso... que al darnos cuenta de lo breve de nuestro tiempo nos convertimos en martires de nuestros sueños y al no ser reales, solo queda el arrepentimiento.
Los años nos conducen por veredas que ramifican nuestro camino, pero de las cuales solo se puede caminar en una sola y todos los sentidos se simplifican y se agudizan nuestras viejas pasiones, y la mirada del hombre que ya no tiene camino y solo ha seguido un destino, nos invade. Porqué dentro de la reflexion de si mismo cada uno descubre un ineludible sendero; y que es la vida sino eso... Cuando no existe más que sentarse a mirar el sendero, ese último sendero; pero que es la vida si en el último yacer, no permanezco con el pecho tibio, la mirada melancólica, y a flor de cada microsistema del cuerpo: arrugas del reír, cicatrices del pelear y conservo ironica la apariencia de que siempre se puede más... y qué importa si al final no me puedo levantar. Qué es la vida sino eso.
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